domingo, 19 de julio de 2020

El reino de la apariencia

“El espectáculo somete a los hombres vivos en la medida que la economía les ha sometido totalmente. No es más que la economía desarrollándose por sí misma.” Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo 


Lo inescrupuloso, lo laxo, las declaraciones perversas, la desocupación digitada, los fatídicos dirigentes gremiales (con sus excepciones), la plena felicidad de la nada, los voluntarios al servicio de las patotas, las amenazas ejecutivas, la hipocresía relucientemente vestida y las noticias del gobierno nacional que sacuden, una vez más, el presente de la historia nacional. Y en el medio, la forma en que todo esto es representado, construido y ofrecido por los medios masivos de comunicación. 

Ante el bombardeo de todos estos fragmentos de realidad ¿tenemos capacidad de ponernos en alerta, de sacudirnos la modorra nacional? ¿Podremos ponernos de pie, en estado de alerta ciudadana? 

Es visto el caudal de noticias de medidas que perforan derechos, como la baja en el monto de jubilaciones o aquellas otras que provocan malestar social como la campaña en las redes sociales en contra del reclamo salarial docente (en realidad, se habla de un derecho a un salario justo y que permita vivir con dignidad) a la que, por cierto, se vinculan personas que además de no tener conocimientos específicos para estar en un aula cuentan con un perfil inescrupuloso; se trata de impresentables que incluso tienen en su haber vínculos con el terrorismo de Estado. 

Frente a este escenario y pensando, por ejemplo, en el escándalo del Correo Argentino: ¿cómo asume la ciudadanía las diversas noticias sobre corrupción? ¿Las digiere livianamente? ¿O acaso la corrupción de un empresario está bien vista socialmente y legitimada? Sospecho que nos hemos acostumbrado a consumir un espectáculo perverso (es la mejor palabra que define a este gobierno nacional). Estamos asistiendo a un deglutir de una realidad siniestra que avasalla derechos y ponen al país de rodillas, mientras todo ese tipo de noticias circula estúpidamente ante nuestros ojos. ¿Nos falta la Infinia que producíamos hasta el 9 de diciembre? Sólo consumimos este doloroso e incesante festín de imágenes como si fuésemos sujetos sujetados. ¿Lo somos? ¿O preferimos conscientemente el rol de espectadores? ¿Acaso la ficción se apoderó de nuestra realidad? ¿Estamos cómodos con todo lo que pasa? 

Quisiera encontrar respuestas que me orienten a comprender un fenómeno complejo como el que estamos transitando, mientras me resulta inevitable sentirme parte de la “muchedumbre solitaria” (como diría Guy Debord. A riesgo de quedar expuesto, interpreto que el filósofo francés entendería que en estos tiempos de redes sociales e invasivos medios electrónicos, nos replegamos en nosotros mismos, en un aislamiento “informado”, en el mejor de los casos. Esto quizás explique, pese a las medidas que impulsa Macri, que las calles tengan escasa presencia de las realidades de trabajadores y familias afectadas por el plan económico, social y cultural que se está implementando. 

La representación o puesta en escena expuesta por los medios salpica en el rostro un mensaje delirante, enfermizo: hay que mostrar hechos que nos molesten y, al mismo tiempo, hacer que parezcan inmodificables. Es decir, hay que lograr que la realidad ceda el paso a una ficción, y que la misma se vea como algo imposible de transformar. Esa es una buena manera de obturar ánimos y voluntades de lucha. 

La invasión mediática deja secuelas y éstas avanzan sobre políticas públicas que deterioran nuestra calidad de vida y habilitan persecuciones a aquellos actores sociales que demuestran resistencias a un avasallamiento planificado, que busca destruir la educación pública, la salud, la industria nacional, la ley de medios de la democracia, editoriales de menor escala o todo lo conseguido (aún con todas sus imperfecciones) durante los últimos años. 

La agenda mediática –como mera reproductora de los intereses oficialistas y alejada de una perspectiva de derechos humanos– habilita que lo real (como la desocupación, la devaluación de los salarios o la destrucción de las paritarias) quede relegado a un segundo plano y que, en su lugar la fantasía, lo irreal del mundo concreto, ocupe la centralidad de nuestras emociones y preocupaciones cotidianas. * Licenciado en Comunicación Social. marcosnqn@hotmail.com 

https://www.pagina12.com.ar/25757-la-ventana-medios-y-comunicacion

sábado, 18 de julio de 2020

Hiperconectividad y libertad de expresión

Publicado el 17 de septiembre de 2019 Necesitamos un descanso de la tecnología POR MARCOS MUÑOZ
Desde Neuquén

Los 365 días, las 24 horas y los 7 días de la semana -365/24/7- es el nivel de presencia de la televisión y el alcance de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida. Se trata de una práctica que, por supuesto, arroja como consecuencia cansancio psicológico, estrés y desinterés en una actualidad política siempre compleja. El esquema 365/24/7, más la espectacularidad del tiempo real al alcance del pulgar y la adicción que generan las nuevas tecnologías en la audiencia, nos lleva a sobrevolar un mar interminable de noticias y notificaciones que en su gran mayoría aportan poco a nuestra cotidianeidad.

Dicho esquema de hiperconectividad absurda ofrece miles de horas anuales en la TV argentina de contenido bajo en calidad y con un discurso casi homogéneo. Ese discurso se reproduce sin cesar -en cientos de radios, canales de TV, portales web y gráfica- y transita a la velocidad de la luz por millones de personas. Todo lo facilita la actual legislación nacional.

El impacto de ese discurso que permanentemente pone en peligro al estado de derecho de cualquier nación, más la agenda de contenido puesta a disposición de un mapa de medios altamente concentrado diluiría los esfuerzos de hasta los ejércitos espartanos mejor preparados para cualquier batalla.

En el actual escenario que describo, tanto las personas como la libertad de expresión están en peligro.

Por eso pregunto: ¿Quién dijo que la libertad de expresión se mide en la cantidad de medios disponibles para la ciudadanía? ¿Qué dicen los organismos de atender y cuidar la salud mental de la población ante la presencia/ agobio de ciento de miles de horas de medios?
El apagón eléctrico del 16 de junio de este año dejó como tema a tratar –además de lo ya publicado por varios medios- el descanso que necesitamos de la presencia agobiante de las tecnologías y de sus usos, la pausa que no existe a nuestra paz más íntima que nos permita procesar, disfrutar y entender lo que vivimos a diario. De seguir así, renunciaríamos a algo tan hermoso como valioso, el uso de nuestro tiempo libre. Ese domingo, por accidente, nos desenchufamos.

Pero luego de apagón, el show continuó. Seguimos encendidos y atentos a las notificaciones de nuestros celulares y -sobre todo- de las redes sociales. Hay que trabajar fuertemente en dos líneas: en un uso más sano/saludable de los dispositivos y simultáneamente repensar si necesitamos tener accesibilidad y/o transmisión de TV como plataformas streaming los 365/24/7. El uso abusivo, desmedido e irreflexivo de la tecnología nos aísla a los unos de los otros, alienándonos en islas personales de un confort tóxico y des-subjetivador.

Si en este país, durante algunas semanas sin fútbol/ distracción social, más de uno se preocupa, deseo saber qué reacción se podría dar si por ejemplo, de 22 a 7 horas de la mañana se interrumpieran todas las señales de TV (públicas y privadas). Sin dudas, la calidad de vida de la población atraviesa un claro deterioro psicológico producto del problema que planteo. Esto afecta directamente al ciudadano. Y esto es grave porque dañar al ciudadano -a la persona-, es afectar a las instituciones democráticas.

Por eso, hay que repensar y rehacer -después de diciembre- el mapa mediático de Argentina e incorporar/ atender cómo afecta a la salud mental nuestra vinculación con el universo de la información y el entretenimiento.

* Licenciado en Comunicación Social. marcosnqn@hotmail.com

https://www.pagina12.com.ar/218611-hiperconectividad-y-libertad-de-expresion?fbclid=IwAR1pX1HRFBo968Z16-kpdm73g42szMW60V0O1f97q1iLjusMI_oH368hEkI

miércoles, 1 de abril de 2020

Tecnologías, educación y desigualdad

Por Marcos Muñoz*
Parte 1
Sin dudas, estamos viviendo una situación sin antecedentes en el mundo. Al menos, en lo que a las últimas décadas se refiere. La pandemia del COVID-19 no nos dejó más salida que adaptarnos a este presente y gran parte (o toda) nuestra vida cotidiana cambió profundamente. Una de las cosas que se modificaron es la forma de vivir la clase con los estudiantes.
La posibilidad de encontrarnos en el aula una o dos veces por semana, por el momento y hasta nuevo aviso, no se da.
Las mismas angustias que vive el docente de manera cotidiana en el contexto del aislamiento social, preventivo y obligatorio, la vive el estudiante.
En cada hogar se espeja lo que observamos a nivel macro, en términos de la desigualdad en el acceso a bienes culturales por parte de realidades muy distintas desde el punto de vista económico. Algunos ejemplos: hogares de materiales con espacios cómodos, acceso a internet de calidad 24/7, y el conocimiento necesario de padres/madres/tutores para acompañar a sus hijos en las tareas de la escuela. Desigualdad heterogénea y profunda.
Una aclaración: a no confundir diversidad con desigualdad, estoy hablando de desigualdad, una que es evidente y estructural, y la que marca distancias entre una escuela de gestión privada con fondos públicos y una pública con recursos únicamente públicos.

Parte 2
La pandemia deja al descubierto la postergación crónica -al menos, en la provincia que vivo- de una planificación educativa involucrada en desarrollar, probar y consultar en cada institución -o por zonas, al menos- los innumerables recursos digitales disponibles. Un ejemplo, vital para estos tiempos, es el acceso a internet. Tanto docentes como estudiantes en las escuelas del nivel medio públicas no tenemos acceso a internet, y menos aun acceso a herramientas como netbooks. Esa política del gobierno nacional se abandonó luego del 2015 y los gobiernos provinciales no la defendieron. Hoy, esa ausencia hubiera resultado de gran ayuda.

Como consecuencia de la ausencia de un programa nacional y provincial en materia de educación digital, cada institución y cada docente -a partir de la cuarentena obligatoria- está desarrollando, con las herramientas que conoce y que mejor maneja, contenidos pedagógicos para acercar a sus estudiantes. Podemos decir que a veces se usa mejor que otras herramientas, absolutamente entiendo esa discusión, lo que hay que afirmar es que desde el ámbito de la educación estamos tratando de dar respuestas de la mejor manera posible con lo que tenemos al alcance de la mano.
Este presente es una oportunidad muy valiosa para hacer una reflexión sobre la práctica docente y el uso que damos a las herramientas digitales -igual la prioridad es la salud y que todas las familias coman-, en momentos en que hay una gran concentración en tratar de dar una rápida respuesta institucional a la demanda social de acercar tareas a los estudiantes. En la urgencia de cumplir con parte de esa exigencia, en la urgencia de dar respuestas a nuestros estudiantes, quizás estamos descuidando pensar si estamos haciendo lo correcto desde lo pedagógico, así como el preguntarnos qué es lo correcto, qué corresponde hacer, y cómo hacerlo.
Trasladar la clase presencial a la virtualidad sin comprender a qué escenario nos estamos mudando conduce a mucha frustración. Eso, ¿es un problema? No lo es, si estamos dispuestos a aprender de esa frustración o desconcierto. Es decir, intentar reemplazar la educación presencial por lo virtual como quien muda un mueble, no parece ser la mejor opción.
Aprovechemos este escenario para seguir ofreciendo los contenidos planificados, pero atendiendo a algo central: debemos comprender que hay que hacerlo bajo otro paradigma. Y para eso hay que hacer un esfuerzo de olvidarnos de los otros métodos que usábamos en el aula. Este es otro escenario, ni mejor ni peor, estamos en otra época.

Parte 3
Los docentes estamos haciendo lo que mejor podemos y como podemos. La ausencia de planificación estatal en el área de educación virtual es una deuda que le corresponde a quien le corresponde, pero no al docente. Hay ausencia de estructura necesaria y pertinente para desarrollar y conocer de la mejor manera posible una adecuada tarea pedagógica en el campo virtual. Por esa razón, cada docente y cada institución hacen lo que tienen a su alcance. Por supuesto, todos estamos aprendiendo al transitar este camino. Lo haremos cada día mejor. Por último, dejo estas preguntas: ¿Cuál es el mejor paradigma para poder dar clases virtuales? ¿Cómo hacerlo? ¿Sabemos qué redes sociales manejan mejor nuestros estudiantes? ¿Sabemos qué pasa en los hogares de los estudiantes en este escenario?

*Lic. en Comunicación Social. Docente nivel medio en la provincia de Neuquén. marcosnqn@hotmail.com

sábado, 2 de febrero de 2019

Tensión entre deportistas e idolatrías, el lugar incómodo

Motivó escribir esta columna cierta subestimación al DNU 92/2019. A lo ya publicado por medios no oficiales, busco sumar otros puntos de vistas a un tema sensible en el deporte nacional.

Si hay un momento en la biografía del deportista en que la idolatría puede quedar en un lugar incómodo es justamente este: cuando la política los invita a expresarse públicamente.
Pienso sobre todo en aquellos deportistas retirados y que podrían tener un poco más de tiempo para leer decretos de necesidad y urgencia publicados en enero. Lo sé. Es tedioso y seguramente puede generar cierto rechazo leer con estas temperaturas. Sin embargo, considero, que hay ciertos momentos en que es necesario encender el aire acondicionado aunque la factura de luz cueste pagarla y hacer el esfuerzo de leer y poner en contexto, sobre todo, en aquellos que tratan de sobrevivir a una política deportiva nacional que aporta lo que aporta a los deportistas argentinos. ¿Es suficiente lo que aporta? Pienso en deportistas de proyección olímpica y vinculada al alto rendimiento.
Consultas al lector:
¿Era necesario –en enero- publicar en el Boletín Oficial el Decreto de Necesidad y Urgencia 92/2019?
¿Cuál era la urgencia de publicar ese decreto y menospreciar el aporte del Congreso de la Nación? Es decir, al evitar pasar por el Congreso lo que hizo Mauricio Macri es evitar consultar a los Diputados y Senadores nacionales, lease el Presidente decide no consultarle a las provincias.
Macri siempre se encargó de resaltar el diálogo como uno de las principales herramientas durante la campaña y posterior a ella que todo gobierno democrático debe tener. Por lo tanto, si hay diálogo hay consulta, hay voluntad de escuchar al otro. Cuando eso pasa, luego llega el momento de la reflexión para tomar la mejor decisión que se pueda. Por lo tanto, en este caso, ¿alguien puede decirme qué tipo de consultas se hicieron a los atletas de nuestro país, a las federaciones y a los organismos deportivos de los gobiernos provinciales?
Lectores, ustedes tienen aportes, quiero leerles y saber que piensan. Además deseo que me ayuden a responder mis consultas.


Marcos Muñoz
marcosnqn@hotmail.com

martes, 13 de junio de 2017

A 44 años de las tomas de radios

Por Marcos Muñoz*

Poder y querer estudiar nuestra historia a través de testimonios orales, archivos periodísticos y otras fuentes, asoman como antídotos para no caer en la lógica de la banalización y en la transmisión de falsedades de la realidad que desde el gobierno nacional buscan instalar. Este artículo intenta rescatar algunos silencios en manos de las garras del cinismo y de la indiferencia. Lo que sigue a continuación es fruto de ese intento.
La fecha es Junio de 1973. El hecho: la toma de LU5 Radio Neuquén, publicado el 13 y el 14/06 de de ese mismo año en el diario Río Negro, y también en Sur Argentino, el 14/06. En aquel entonces la emisora- ubicada en calle Alberdi y Santa Fé- funcionaba bajo la órbita de la Secretaría de Prensa y Difusión de Presidencia de la Nación. Es decir, funcionaba dentro de la red de radios nacionales. La toma se produjo por militantes de Montoneros, la JP y FAR junto a tres diputados provinciales del justicialismo neuquino que reivindicaban al gobierno popular de Héctor Cámpora en un contexto nacional de creciente disputa de poder en el interior del peronismo, mientras se esperaba el inminente regreso de Perón al país.
Tres días antes de la ocupación de LU5, en la ciudad vecina de Cipolletti (Río Negro) la militancia de la Juventud Peronista tomó LU 19 La Voz del Comahue y la renombró Radio General Juan José Valle. La toma de LU 19 fue pacífica, sin tiros ni forcejeos. A su vez, según el testimonio de una de las protagonistas de los hechos en LU 5, sólo hubo tiros al aire en el sector donde se encontraba la antena de la radio cerca del balneario municipal. En tanto, en el estudio de la radio –ubicado en la zona céntrica de la ciudad- todo fue muy tranquilo; en otras emisoras, las tomas duraron sólo los minutos que llevaba leer el comunicado redactado para la ocasión.
Tanto las crónicas de la época de los diarios Río Negro y Sur Argentino como el testimonio de quienes participaron de los hechos en Neuquén, coinciden en que se trató de una operación a nivel nacional –por ejemplo, hubo tomas en LV 7 Radio Tucumán, LV 8 Radio Libertador de Mendoza, LV 3 Radio Córdoba, LU 4 de Comodoro Rivadavia, LU 8 Radio Bariloche, Radio Splendid, Radio El Mundo, entre otras- impulsada por Montoneros. Y en todas esas radios –una vez que estuvieron bajo control militante-, se hizo escuchar “La marcha peronista”, dando inicio de esta manera a la medida de protesta.
Quiero detenerme en un fragmento leído por militantes de la JP Cipolletti durante la toma de LU 19 que da cuenta, en parte, de los objetivos que perseguían: “Las radios, los diarios, las agencias noticiosas, las editoriales pasan a ser resorte exclusivo de la clase dominante, y aquellos que quieran rebelarse al sistema, son intervenidos y silenciados”. Reclamaban desde mayor difusión de música nacional hasta noticias que tuvieran que ver con el carácter local, nacional y popular, noticias que “fortalecieran el proceso de liberación nacional” y que “estén al servicio del pueblo trabajador” ”(Río Negro, 14/06/1973).
Durante la toma de radio LU5, el nuevo director de la emisora –nombrado por los propios militantes- Héctor Pérez Bourrat, desplazó al jefe del informativo y a un periodista que trabajaban allí: Pedro Brodi y Raúl Guglielminetti. Es el propio Pérez Bourrat quién citó a estas dos personas y les dijo que “debían abandonar la emisora por ser considerados enemigos del pueblo por sus relaciones con los servicios de inteligencia y otros actos”(Río Negro, 14/06/1973).
Al toparme con el nombre de Pedro Brodi, me di cuenta de que me resultaba familiar (tal vez por haber jugado durante algún tiempo en el club Cipolletti y haber seguido la campaña de la primera categoría cuando estaba en el Nacional B fútbol argentino. Aún recuerdo que muchas veces escuchaba las transmisiones por LU19 cuando no podía ir a la cancha o cuando se jugaba de visitante) Al indagar sobre ese nombre, tomé conocimiento de que hay dos Pedro Brodi: padre e hijo. El padre, fallecido hace algunos años.
“Lalo” Brodi es el hijo y el que estaba trabajando como jefe del informativo al momento de producirse la toma de LU5 es el padre, quien no tuvo vínculo alguno con las diversas organizaciones militantes de la época. Sin embargo, el que figura en el listado oficial que se difundió a través del decreto 4/2010 y que lleva la firma de la ex Presidenta, Cristina Fernández, y de los ex ministros Julio Alak (Justicia) y Nilda Garré (Defensa) es el hijo: es “Lalo” Brodi. Él es quien aparece con el número de orden 672 junto con su número de DNI 10.868.631. Por su parte, Raúl Antonio Guglielminetti figura con el número de orden 2189 y DNI 4.392.690. A este último, en LU5, lo apodaban matute.
¿Por qué menciono ese decreto? Porque el mismo desclasificó “la información y documentación vinculada con el accionar de las Fuerzas Armadas” durante la última dictadura militar. A partir de ese importante decreto, se tomó conocimiento de la nómina del personal civil de inteligencia que revistó en el periodo 1976 a 1983; en dicha nómina figura Pedro “Lalo” Brodi. Este decreto tomó enorme repercusión en todos los medios de comunicación y el listado rápidamente se viralizó. El caso más conocido a nivel nacional es el de Guglielminetti, uno de los agentes que participaron de la represión ilegal en el centro clandestino de detención "Automotores Orletti". Guglielminetti fue un torturador profesional, miembro de la Triple A y trabajó como custodio cuando Raúl Alfonsín era Presidente. Fue juzgado en los juicios llevados adelante en Neuquén por el caso “La Escuelita II.
El sentido político de las tomas de las radios en 1973 debe quedar siempre presente, es presente. Ese sentido se vincula con la enorme preocupación de la militancia de la época por lo segmentada de la información que circulaba en aquel momento y por cómo afirmaba o no un sentido de pertenencia nacional y antiimperialista. También, se vincula con la presencia de personas tanto en las radios como en medios gráficos ajenas a la práctica del periodismo y que convivieron con periodistas y fueron señaladas ya en 1973 como pertenecientes a los servicios de inteligencia. Por último, me parece importante rescatar lo relevante que han sido y siguen siendo los juicios de lesa humanidad para conocer y probar los grados de responsabilidades no sólo de los militares en los años del terrorismo de Estado, sino para revelar los nombres de los civiles involucrados –inclusive- antes de los años de plomo con los servicios de inteligencia.
*Lic. Comunicación Social: marcosnqn@hotmail.com

jueves, 28 de enero de 2016

Las dimensiones del trauma: reflexiones desde la experiencia argentina

En un momento en que se pone en cuestión el lugar del Estado, la ex directora del Centro Ulloa reflexiona sobre el lugar que puede y debe ocupar el propio Estado en el acompañamiento y reparación de las víctimas, sean éstas de crímenes de lesa humanidad, de la violencia institucional o de tragedias como Cromañón.

Por Julieta Calmels *

Cuando fue escrito el texto que se reproduce a continuación no imaginábamos que a dos meses de su salida tuviéramos que defender, como sucede en el contexto actual, la continuidad de las políticas de derechos humanos. El Centro Ulloa es un Centro creado en el año 2009 que asiste integralmente en salud (fundamentalmente en salud mental) y acompaña en todo el país a víctimas de violaciones a los derechos humanos: víctimas del Terrorismo de Estado, víctimas de violencia institucional, incorporándose en el último tiempo la atención a víctimas de Cromañón y acompañando juicios como el de encubrimiento al atentado a la AMIA. Ha cumplido un papel clave en el tránsito de las víctimas-testigo en los juicios de Lesa Humanidad acompañando en estos años a más de 3.000 víctimas y realizando más de 2000 tratamientos en salud mental. Contribuyó así a hacer más integral la política de Reparación en la argentina. Estas tareas tuvieron el foco puesto en el respeto y protección singular de las víctimas teniendo como horizonte la política de Reparación del Estado Nacional, en el marco de las políticas de Derechos Humanos en la Argentina desde el 2013.

Lamentablemente el Centro Ulloa ha visto afectadas sus tareas por medio de despidos inesperados, inexplicables, que han generado la pérdida del empleo de varios profesionales y que por ello mismo han afectado la asistencia psicológica y en trabajo social de muchas de las víctimas que ahí se asisten. Estos despidos constituyen actos de violencia y desamparo para con las víctimas estando en las antípodas de las políticas de reparación. Esperamos que esto sea revertido en breve, pero que fundamentalmente las nuevas autoridades puedan comprender la importancia de estas políticas y el daño real que implica discontinuarla para cientos de personas sobrevivientes y familiares de las tragedias más grandes de nuestra historia. El texto que se reproduce cobra especial valor en el contexto actual, ya que aborda justamente la importancia del rol que asuma el Estado en las tareas de salud mental posibles de llevar a cabo con las víctimas.(J. C.)

La historia argentina ofrece diferentes momentos en lo que hace al lugar y responsabilidad del Estado ante el horror y diferente relación con la ley jurídica y simbólica. Estas profundas variaciones dejaron efectos sociales y singulares muy importantes.

El impacto de ello en la vida de las personas es lo que nos lleva a plantear que para pensar y trabajar con lo traumático hay que contemplar tres elementos: lo exterior (la violencia que afecta a las personas), lo singular de cada sujeto (en lo que hace a los modos de recepción, enlaces y des-enlaces de esa violencia en la temporalidad de la vida) y lo social en sentido amplio (lo que se hace con esa violencia y con las personas desde la comunidad y el Estado y la Justicia. Queremos remarcar cómo lo traumático tiene necesariamente una vinculación con el campo del Otro en las variadas formas en que este pueda aparecer y que el Estado es una de esas formas de alto poder de determinación.

Estas tres dimensiones componen y hacen a lo traumático. En el trabajo con cada persona están ensambladas, pero aquí las diferenciamos con el objetivo de poner de relieve la dimensión social, pues el proceso de Memoria, Verdad y Justicia evidenció que tiene un peso específico al momento de trabajar con lo traumático.

Las tres dimensiones del trauma: lo exterior, lo singular y lo social

Lo exterior y lo singular

Estas dos dimensiones son diferenciadas por Colette Soler al trabajar el concepto de trauma, cuando sostiene que por un lado está el “golpe de lo real” y por otra parte “las secuelas”. Dice que “hay siempre dos componentes: uno que es el golpe de lo real en todas sus configuraciones y otro es lo que voy a llamar secuelas (...) ¿De qué se tratan las secuelas? Se trata de las repercusiones subjetivas. (...). El traumatismo en su impacto es real, puro real. Las secuelas son siempre del sujeto”. 1

Aunque ya es sabido que la relación entre la realidad exterior y la realidad psíquica adquieren para cada sujeto una complejidad no abarcable en este texto, y aunque pueda ser simplificador para algunos, es necesario subrayar que hay hechos materiales que es importante tener presentes al momento de trabajar con lo traumático. Importa identificar cuál es la violencia objetiva, material. No es lo mismo, por ejemplo, haber estado secuestrado que no haberlo estado, haber sido violado/a que no haber sufrido esa violencia sexual, haber sido apropiado y negada la identidad que haber crecido sabiendo quién es uno.

Los hechos importan, y junto a ello las marcas singulares que estos dejan en el cuerpo y en el psiquismo de cada persona: impresiones sensoriales/senestésicas y también significantes como las palabras que se proferían en las torturas o en las apropiaciones. Hechos que tienen una particular presencia en lo traumático y que se evidencian en las series de la repetición, cuando aquel real se reedita en pesadillas, pensamientos intrusivos, sensaciones corporales, etc.

Signos que no aparecen por el lado de lo metafórico, de la ecuación, sino por el lado de la emergencia de fragmentos del real mismo, evidenciando justamente las dificultades para la represión y todos sus derivados: síntomas, sueños, etc.

Silvia Bleichmar trabaja sobre esta perspectiva analizando que los modos de emergencia del traumatismo “no tienen el carácter simbólico que Freud le concede al síntoma, sino que forman parte de la presencia de lo visto y de lo oído que operan en el sujeto sin una metábola posible”2. Los hechos tienen un peso propio que reaparece como aquello de lo cual el sujeto no puede, a pesar suyo, desligarse, ofreciendo a la escucha y la mirada del analista una sensación de que el tiempo no ha transcurrido.

Lo social: Comunidad, Estado y Ley

- La comunidad

El papel que cumplen los organismos de derechos humanos en la Argentina, y también los grupos de madres que reclaman justicia por la muerte de sus hijos por las fuerzas de seguridad o por la trata de personas, son ejemplos paradigmáticos de un tipo de reacción desde la comunidad.

En primer lugar por la puesta en discurso de las situaciones vividas no como hechos meramente singulares, sino como fenómenos sociales. Luego por dar una significación sobre los hechos (“asesinatos”, “desaparición con vida”, “terrorismo de Estado”) y una interpretación de los lugares (víctimas y victimarios). En todos estos casos hay una sanción social de los hechos y una búsqueda de reparación vía la demanda de una ley transgredida: “juicio y castigo a los culpables”. Esta demanda es un acto ético –invaluable en algún sentido– pues, en ninguno de estos casos se cometieron actos de venganza. Por el contrario, la demanda de justicia sostiene el lugar simbólico de la ley en su apelación, incluso ante la más profunda impunidad vivida en nuestro país en la década de los 90.

Este posicionamiento tiene efectos subjetivos en las madres y familiares, como también en la sociedad. En un sentido inverso, podría enumerarse otros posicionamientos desde la comunidad (la indiferencia, la estigmatización, el rechazo, la condena social) que generan efectos contrarios a los señalados y que transforman lo traumático en un dolor sin ataduras ni ligazón social produciendo una mayor patologización individual y recrudecimiento de los síntomas. Junto a ello produce en muchos casos un agregado de nuevas violencias como el estigma y la culpabilización que profundizan aspectos melancólicos o depresivos.

- El Estado y sus efectos simbólicos

Sintetizando, podemos decir que para salir de la escena del horror se requiere de tres movimientos. Por un lado, la interrupción de los hechos de violencia (materiales y simbólicos), y por otro, un movimiento del sujeto para pasar a otra escena. Pero también es necesario un movimiento de las instituciones del Estado. Si la violencia se interrumpe y el sujeto realiza un movimiento para posicionarse de modo diferente, pero las instituciones no asumen lo ocurrido como algo que también les concierne, el hecho queda meramente en la interioridad de cada persona y las posibilidades subjetivas de cada quien. Los traumatismos que involucran colectivos sociales y, más aún, los que ocurren como consecuencia de violaciones a los derechos humanos deben asumirse como un hecho que concierne al Estado, porque por definición el Estado está comprometido en esta violencia. Más radicalmente podríamos decir que es imposible que el Estado (sus tres poderes) no asuman posición. El tema está en cuál es la posición a asumir ya que todas ellas producen indefectiblemente un efecto. Ante hechos tan graves como las violaciones a los derechos humanos, en primer lugar debe ponerse en funcionamiento la justicia y la reposición de la ley transgredida para reconocer las responsabilidades y hacer valer las consecuencias: la sanción. Pero incluso estando eso, también es necesaria una segunda operación: la inscripción de las víctimas en la comunidad, que puedan filiarse a una genealogía social común que no las excluya, las segregue o las estigmatice. Este movimiento le concierne también al Estado.

Esta inscripción en la comunidad se produjo de forma muy intensa cuando los organismos de derechos humanos fueron incluidos en las políticas de Estado generando un hecho inédito: que quien entonces representaba al Estado Argentino se reconociera como “hijo de las madres y las abuelas”. Lo que hasta entonces había sido segregado, perseguido, estigmatizado –las locas–, reprimido –el 19 y 20 y tantas otras veces–, fuera reconocido como núcleo ético de filiación de una generación y más aún de un nuevo período de la historia Argentina.

Por otra parte, en el caso de las violaciones a los derechos humanos el Estado debe desplegar un reconocimiento de esa violencia y sus efectos. Esto supone también reconocer la situación de desvalimiento de los sujetos ante ello, reconocer la condición de víctima. No para perpetuarla, menos aún para volverla una identidad. Por el contrario, supone ofrecer a quienes están en situación de desvalimiento y desamparo (efectos propios de lo traumático), un alojamiento simbólico desde donde comenzar el trabajo de elaboración sobre los efectos de lo traumático.

El conjunto de estos movimientos estamos convencidos que debe provenir de la centralidad del Estado y entendemos que no es lo mismo que provenga de ahí que de otras instituciones como la comunidad, la familia o la sociedad civil. Así como los efectos de violencia se multiplican en lo simbólico y material si provienen del Estado (terrorismo de Estado, violencia policial, Impunidad, etc.), también los efectos de reparación se multiplican si surgen de él. Que sea el Estado quien asuma el peso de las políticas de reparación produce una pacificación del tormento interior porque hay un exterior que lo reconoce y en ese movimiento lo vuelve algo que existe más allá del sujeto. En este sentido permite un lugar donde inscribir ese padecimiento como un padecimiento que ya no es solamente algo entre él y su verdugo. Permite salir de la “encerrona trágica” de la que hablaba Fernando Ulloa cuando tematizaba los efectos del terrorismo de Estado pues ingresa ese “tercero de apelación” al que se refería el mismo autor3.

- La ley jurídica y la ley simbólica

El Estado no es cualquier institución ante la Ley jurídica. Es el garante de dicha ley. Una vez consumado, por ejemplo el hecho del terrorismo, si el Estado no repara deja de ser garante de la ley en el plano simbólico para un sujeto. Por eso es necesario que las políticas de reparación supongan al Estado como garante y... ¿qué es lo que garantiza? La reintroducción de la Ley Jurídica como ordenador social y, por lo tanto, la recomposición social del contexto donde habita ese sujeto.

Ese Otro Social tan especial que es el Estado como garante de Ley, no implica solamente la asunción de la responsabilidad sobre los hechos, sino algo más profundo y duradero aún: que se garantice de aquí en más un orden social regido por la ley, eso que se cristalizó en la consigna del “nunca más” y jurídicamente se conoce como la “garantía de no repetición”. Es decir, la seguridad de una recomposición y garantías de la ley. Si no se hace esa operación se deja al sujeto a merced de lo que pueda solamente hacer “él” o “ella”.

Si esto no puede garantizarse como principio, la justicia declina en su función esencial. Esto es lo que sucedió por muchísimos años en Argentina. No solamente durante la dictadura militar, sino en largos tramos de la historia democrática desde el año 1983 al año 2003 donde finalmente se recuperó la idea de un Estado que se responsabiliza en la búsqueda de justicia, largamente esperada y buscada por los organismos de derechos humanos.

La impunidad es el aspecto jurídico de un estado de cosas donde las leyes jurídicas no son respetadas y se transgreden. O bien donde los propios Estados promueven leyes que suspenden o anulan otras (como sucedió con las leyes y decretos de impunidad en Argentina).

Estados liberales y Estados democráticos

Volvamos a pensar el papel del Estado y su función de garante de la ley en nuestra historia reciente.

Si el Estado de impunidad ha oficiado en Argentina como una vuelta a los infiernos no fue solamente por no garantizar justicia, sino por el hecho de que habiendo impartido un tramo de justicia, la negó, como sucedió con los decretos de indulto. La burla de la ley dentro de un Estado de derecho.

En las antípodas de esto, encontramos al Estado Nacional, a partir del año 2003 hasta el año 2015 –y particularmente desde el Poder Ejecutivo–, asumiendo las responsabilidades y reponiendo el lugar del Estado para hacer valer la ley. “Vengo a pedir perdón en nombre del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante tantos años tantas atrocidades...”. 4 es un enunciado que sintetiza la apertura de otro período de nuestra historia y otra relación del Estado con la ley. Un pedido de perdón que solo puede pronunciarse si en ese mismo momento se asume en toda su dimensión el lugar simbólico del Estado y con ello, no solo sus potencias, sino también sus deudas.

Este enunciado, encadenado a un gesto –descolgar los cuadros de los genocidas– desanudando el horror y el poder de la muerte de los símbolos nacionales y acompañado por el envío al Congreso Nacional de un proyecto de derogación de las Leyes de Impunidad –forzando a actuar a la Justicia– fue el acto inaugural de un Estado Democrático con todas sus consecuencias materiales y simbólicas.

Fue encarnar el lugar simbólico del Estado para hacer valer una ley burlada durante más de tres décadas en la Argentina. Aquella frase del ex presidente Néstor Kirchner lo sintetiza. “Vengo a pedir perdón en nombre del Estado...” es asumir el Estado en tanto función. En nombre de..., es la referencia a una función desde donde la ley puede operar. El lugar desde donde ella puede tener eficacia. Es la asunción de ese lugar siempre simbólico, y gracias a eso también jurídico. Aceptar el peso de encarnarlo de un modo en que ponga en funcionamiento una ley que atraviese a todos, incluso a quien la enuncia. Por ello es acertado cuando dijo que “no es rencor ni odio lo que nos guía y me guía, es justicia y lucha contra la impunidad”.

Por el contrario, lo que sucedía en el período de la impunidad neoliberal en la Argentina es que el vaciamiento del Estado no era meramente una entrega del patrimonio Nacional al mercado, sino que con ello también había una entrega del lugar simbólico del Estado, quizá su mayor patrimonio. Entrega, renuncia a esa función que el Estado puede tener de regular y garantizar determinados derechos en la vida social. Vaciar el Estado entonces, tiene su correlato en otros aspectos de la vida social, como lo es el vaciar su potencia de ley, vaciar su noción de justicia y de igualdad.

Un Estado vaciado y entregado, en lo que respecta a las situaciones que analizamos, no puede menos que empujar a las víctimas al desamparo simbólico. Por el contrario, asumir el Estado, asumir su función produce como consecuencia una sanción simbólica y material de las responsabilidades que inaugura una escena nueva (singular y colectiva) para tramitar lo traumático y continuar la vida.

Tenemos por tanto, una versión del Estado que desenlaza al sujeto y a la comunidad del campo de la ley, mientras que la otra posición integra al sujeto, sancionando al horror como algo por fuera de las reglas de lo común, como algo que debe ser sancionado porque atenta contra lo común que nos hace a todos sujetos de una comunidad.

La experiencia clínica demostró que ante eventos catastróficos, de alto potencial traumático, la posición que asume el Estado a través de sus tres poderes es determinante. Y que cuando el Estado se desentiende, no imparte justicia, no ampara ni repara y -fundamentalmente- cuando no produce un revestimiento e inscripción simbólica del acontecimiento con todas sus consecuencias los sujetos quedan en “caída libre”.

Cuando esto pasa, cuando hay ausencia del Estado, de las políticas de Estado para con las víctimas, éstas quedan libradas meramente a su singularidad, variando en cada quien los soportes que haya podido tener o conseguir en su historia, la clase social a la que pertenezca, el azar de su constitución psíquica y la posición singular que cada quien pueda adoptar a partir de todo esto. Nada más liberal en última instancia que el corrimiento del Estado, así como nada más democrático que la potencia de su aparición, pues nos vuelve iguales aún con nuestras diferencias.

Una u otra forma del Estado, no debiéramos tener temor a decirlo, depende de una concepción política del rol del Estado que tiene raíces ideológicas. No debiéramos tener temor a decir, a formular con rigor, por la evidencia y muchos años de experiencia clínica con víctimas en Argentina, que los Estados Democráticos que asumen su función y que tienden a la inclusión social, la justicia y la garantía de derechos generan mayor bienestar, mayor salud y mejores posibilidades para la reparación subjetiva de las grandes catástrofes de la historia. Mejores condiciones que aquellos Estados que tienden a la exclusión, la inequidad social, vaciándose para que las reglas no sean las del Estado sino las del mercado. El mercado (en el mejor de los casos) regula bienes, mientras que el Estado –al menos aquellos donde sus gobernantes están dispuestos a hacer valer su función– garantizan derechos y hacen valer para ello a la ley como ordenador simbólico y jurídico de una sociedad de iguales.

Notas:

1 Colette Soler. Cap. El trauma en ¿Qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?, Editorial Letra Viva, Bs. As, 2009. Págs. 151-152.

2 S. Bleichmar. Op. Cit. Pág. 343.

3 Ulloa, F. “La encerrona trágica en las situaciones de tortura y exclusión social” en diario Página/12, 24/12/1998.

4 Discurso del ex presidente N. Kirchner 24/3/2004 en la creación del Museo de la Memoria (Ex ESMA).

* Psicóloga. Ex directora Centro Ulloa. Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos. Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Este texto forma parte del libro Experiencias en Salud Mental y Derechos Humanos. Aportes desde la política pública, editado en noviembre de 2015 por el Centro Ulloa en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (http://www.jus.gob.ar/me dia/3118817/salud_mental_web_0112.pdf o en http://bit.ly/23pbtde).


http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-291255-2016-01-28.html

miércoles, 22 de julio de 2015

Di Benedetto y el periodismo

Por Marcos Muñoz*
Antonio Di Benedetto. ¿Esperó lo imposible de llegar? Tal vez. Tal vez no. ¿Profeta en su tierra? Algún día. Sin embargo, innumerables seres continúan descubriendo su obra literaria y periodística, sobre toda la primera y con enormes repercusiones en la práctica de la segunda. Seguramente, por accidente llega a nuestra manos algún libro, un documental, un artículo periodístico, una foto, algo de algo, eso provoca, impacta a la curiosidad. Y ahí estás, Antonio Di Benedetto. Piedra libre DB en la marea de la desinformación que provoca el empacho de tanta basura que se dice y se escribe sin ética y respeto.
Necesito y quiero rescatar la labor periodística del escritor olvidado por el diario Los Andes cuando tuvo la oportunidad de respaldarlo en 1976. Transitar el sendero de la vida de Di Benedetto, es provocar la reflexión sobre el rol del periodismo desde la autoproclamada Revolución Libertadora hasta la primavera alfonsinista. Sobre todo buscar investigar qué pasó con el periodismo en las provincias del interior. Ardua tarea pero impostergable. ¿Hay investigaciones al respecto? ¿Dónde están?
Golpes de Estado, seudo gobiernos democráticos, proscripción del peronismo, persecuciones a militantes contestatarios, el breve período de Cámpora en la Presidencia de la Nación, el retorno de Perón al Poder Ejecutivo y el principio de la irracionalidad absoluta de la mano de la gran conductor. El periodismo también es parte de esa historia. ¿Qué pasó con los diarios de entonces en las provincias argentinas?
Di Bendetto a diferencia de Francisco Paco Urondo o de Rodolfo Waslh (como de otros cientos de periodísticas en Argentina) no militaba en ninguna agrupación política. Por el contrario, el hombre era distante ante eso. Aunque es cierto, mientras estuvo como Director del diario mendocino Los Andes y El Andino, siempre publicó información referida a desapariciones y torturas que se producían, por ejemplo, durante el gobierno de Isabel Perón.
Es curioso, mejor dicho, irónico como tomé conocimiento de este mendocino en mi época de estudiante universitario. Supe de Di Benedetto por un documental que estudiantes de cine de Mendoza presentaron (quisiera recordar la fecha, probablemente entre 1997 y 1999) y no por mi formación en la carrera de Comunicación en la Universidad Nacional de Cuyo. Claro, tampoco vimos nada de Paco Urondo o Walsh.
Una de mis última materias en cursar y rendir en el 2003 fue Literatura Hispanoamericana: el gran escritor mendocino, como Cortázar, Arlt, Urondo, González Tuñón, ninguno de ellos estaban incluidos en el programa. ¿Alguién sabe por qué? Miro para atrás y digo que pena. Al mismo tiempo, digo que suerte que por distintos caminos llegaron a mis manos. Algunos antes de ingresar a la universidad, otros durante, otros después. Y también me detengo con mucha atención como la causa Papel Prensa se obvio de la currícula en la carrera que estaba formando a cientos de comunicadores.
Sin conocimiento de la historia los diversos procesos sociales, políticos, culturales y económicos en la práctica del periodismo pasan de largo, pierdan toda su densidad, su riqueza, se escabullen por nuestras manos. Y si eso pasa: ¿Qué hacemos en el periodismo? ¿Qué clase de periodismo hacemos? ¿Estamos salvando vidas o somos cómplices de los guantes blancos ante cada enter?
Una amiga de Salta luego de que esta sección me publicara una columna se preguntaba: ¿Para qué están las carreras de comunicación social? ¿Para sostener los engaños históricos? En algunos casos, sin duda. Por ejemplo, la causa Papel Prensa.
En definitiva, quiero retomar el nombre de Di Benedetto, recuperarlo de entre los olvidos, alegrarme por tenerlo en la biblioteca y compartirlo con Ustedes, porque recuperar los olvidos es construir un presente sin allanamientos de morada en la memoria.

* Secretario de Extensión, Facultad de Humanidades de la U. N. Comahue.
marcosnqn@hotmail.com

miércoles, 24 de junio de 2015

La ciencia, un asunto de comunicación social

Por Pablo Esteban
Según la Real Academia Española, la ciencia remite al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sin embargo, presentada de ese modo –así, sin demasiado brillo, esquemática y fría–, esta definición oculta una multiplicidad de sentidos susceptibles de ser atribuidos. En principio, más vale arrancar por lo básico: la ciencia es una parte esencial de la cultura, en efecto, engloba un conjunto de prácticas que no existen sin seres humanos que las realicen.

Desde este punto de vista, tres asuntos florecen en el barro analítico y asoman por su importancia. Primero, un requisito: la ciencia requiere ser estudiada en contexto; luego, una propuesta metodológica: la ciencia puede ser abordada desde una perspectiva comunicacional, y, por último, una necesidad: tras considerar los puntos anteriores, será esencial la generación de condiciones de acceso que garanticen la participación de toda la sociedad en el proceso productivo y reproductivo de los saberes científicos.

- Los científicos hacen historia (pero) desde la historia. Es imposible comprender las ideas de algún filósofo o científico –que para el caso, son lo mismo– si no se accede al idioma de época; a respirar sus aires y a pasear por sus caminos. No se trata de ponerse en lugar de nadie, ello es imposible; aunque sí de comprender por qué sus pensamientos se impusieron en ese instante y no en otros, y por qué se desarrollaron en determinadas latitudes cuando las coordenadas podrían haber sido bien diferentes. En última instancia, intentar responder a una pregunta tan simple como: ¿por qué las cosas suceden cuando suceden y en el sitio en que suceden?

Proceso: una palabra que resuena con fuerza y que a menudo se vacía de significado, como usualmente ocurre con toda categoría analítica utilizada hasta el cansancio. Cada acontecimiento forma parte de una sucesión de momentos que se acomodan en una línea cronológica imaginaria que avanza a paso firme y jamás se detiene. Cada genio de época leyó libros que escribieron sus antecesores y se alimentó de las ideas que allí pululaban. Personas como Copérnico, Galileo y Kant, sin dudas, estuvieron interpeladas por sus entornos, pues, trabajaron con herramientas sociales y produjeron ideas maravillosas que hicieron historia pero desde la historia.

- La ciencia y la comunicación: una relación que pide matrimonio. La comunicación puede ser definida como un enfoque que permite desentrañar falsas concepciones, percepciones, valoraciones y modos de significación. Una perspectiva novedosa que –con un objetivo similar al de otras ciencias sociales como la antropología– busca penetrar el denso entramado que presentan los escenarios cotidianos, esos que los seres humanos organizados en grupos acostumbran a llamar “realidad”. De aquí que observar a la ciencia con los ojos de la comunicación permite una lectura alternativa que desmitifica la supuesta blancura de un campo que está atravesado por tensiones, luchas de dominación y de poder.

Para ser más explícito, cada vez que una comunidad científica festeja un acontecimiento, ensancha las espaldas de un intelectual y dirige políticas de investigación en direcciones puntuales, lo que está haciendo no es más que velar otros acontecimientos, quebrar otras espaldas y anular otras posibles trayectorias. En definitiva, amordaza otras bocas para callar otras voces que disputan otros sentidos.

Sin embargo, las relaciones entre ciencia y comunicación no descansan en ese escalón. Todavía hay más: la ciencia posee un lenguaje que tiene su gramática, su ortografía y su sintaxis; un lenguaje que es necesario aprender y que sólo los escritores de elite de- sarrollan a medida que peinan sus canas y cuando sus pieles se convierten en pellejos. El gran maestro Leonardo Moledo, a menudo señalaba: “La ciencia es un cuento que la humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje”.

- Para el pueblo lo que es del pueblo. El núcleo duro de la ciencia está compuesto por leyes generales, es decir, por enunciados científicos. Desde un enfoque semiótico, las teorías de la enunciación contemporáneas plantean una cuestión central: mientras los enunciados remiten al acto individual de apropiación de una lengua, el proceso de enunciación se caracteriza por la instalación de un “otro” que interpreta –o decodifica, así lo diría el jamaiquino Stuart Hall– el mensaje. Dicho de otro modo, la comunicación es dialógica y el diálogo supone un contexto en el que la práctica comunicativa se desenvuelve. Por tanto, no tiene sentido el hermetismo científico, pues, en definitiva el objetivo de toda investigación debe ser la divulgación; democratizar el acceso y ensanchar el espectro del público alcanzado. La ciencia no es patrimonio de quien “descubre” sino que pertenece a todos aquellos que demuestran curiosidad por aprender sobre un nuevo modo de pensar la vida. En síntesis, el acto hermenéutico de interpretación implica un proceso de resignificación y construcción del que nadie está exento.

- Ideas finales para construir nuevos principios. Resulta imposible, entonces, circunscribir el término –únicamente– al reducido marco de especialistas, uniformados con guardapolvos blancos y rodeados de tubos de ensayo y compuestos químicos multicolores y humeantes. En efecto, la realización de un ejercicio de desmitificación conceptual podría servir para allanar el camino hacia una aplicación más cotidiana y justa del término.

No todo el mundo cree en la existencia de una ciencia unificada que teje relaciones entre disciplinas como pueden ser la Historia, las Matemáticas y la Filosofía –porque para ser más exactos, no todo el mundo posee las necesidades materiales tan satisfechas como para sentarse a reflexionar, con un café en mano, sobre ello–. Y cuanto más se avanza en el tiempo, si es que el tiempo nos permite avanzar y si es que finalmente existe el tiempo (cuestión que habría que consultar tras leer los pensamientos de cráneos talentosos como Norbert Elias o Edward Thompson) la parcialización de los saberes en campos cada vez más y más pequeños es notoria y palpable.

En la actualidad, con mayor recurrencia, los investigadores y los científicos son empujados a realizar análisis acotadísimos y a recortar sus objetos de estudio hasta hacerlos desvanecer por asfixia. Las disciplinas están más disciplinadas que nunca y, en algunos casos, de tanta rigidez terminan por perder el horizonte y el propósito medular, en efecto, que la sociedad alcance un mejor funcionamiento –es decir que logre mayor equidad y autonomía– a partir de la producción de nuevos conocimientos.

En la posmodernidad, se promueven abordajes segmentados pero “profundos” a diferencia de los megaproyectos que los escritores clásicos realizaban en siglos precedentes. Ya no se cree demasiado en las “historias universales” y el polvo mágico de los atlas ha quedado en el camino. Aquellos libros regordetes que parecían encerrar en un puñado de páginas todos los secretos del mundo ya no generan el consenso de antaño. No. Hoy, las narrativas opcionales, los otros relatos, las otras perspectivas y las otras cosmovisiones (que son legítimas pero no están legitimizadas) están en la superficie y conforman la difusa sustancia que definen al viejo nuevo problema del sentido común.

En el siglo XXI, ninguna persona podrá decir que en esta parte del globo no se hace ciencia, luego de conocer, por caso, los impresionantes avances chilenos en materia astronómica, los progresos cubanos en salud pública e inmunología y los progresos costarricenses en producción de energías renovables. En esa línea es que Argentina proyecta el futuro, convencida de tener herramientas suficientes para escribir la historia con un lápiz propio. Sólo será cuestión de sacarle punta y afilar un poco el trazo.

En este marco, la propuesta será pensar en el concepto de ciencia desde un enfoque más flexible: evitar la falsa dicotomía entre las “duras” y las “blandas”, otorgarles a las sociales y a las humanidades un estatus tan digno como merecido y promover desde los medios masivos de comunicación una perspectiva que defina a la ciencia más allá de sus etiquetas. No alcanza con desarrollar satélites y tirarlos al espacio, no basta con aprender a resolver ecuaciones de segundo o tercer grado, así como tampoco es suficiente conocer cuáles son los males que causan pesticidas como el glifosato para el reino animal, vegetal y humano. No, pues, la ciencia no es un elemento aislable ni específico ni nada de eso; la ciencia es una práctica cultural y, como tal, tiene sentido siempre y cuando se involucren las personas.

poesteban@gmail.com
http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-275591-2015-06-24.html

martes, 7 de abril de 2015

Representaciones sobre la violencia política

Marcos Muñoz expone los primeros resultados de una investigación respecto de las representaciones sobre la violencia política construidas en 1974 por el diario Sur Argentino, controlado entonces por la familia Sapag.


Por Marcos Muñoz *
El diario Sur Argentino fue propiedad de la Editorial Sur Argentino Sociedad Anónima, ubicada en la ciudad de Neuquén e integrada por los hermanos Sapag: Felipe, Elías Cannán, Amado y José. Se publicó desde el 12 de septiembre de 1970 hasta 30 de julio de 1978.

Publicaciones periodísticas y diversos trabajos de investigación surgidos desde diferentes vertientes, entre ellas de las universidades, han dado cuenta del grado de complicidad que tuvieron medios de alcance nacional con la dictadura. En este caso y en relación con el mismo tema, se busca compartir los primeros avances de un trabajo que forma parte de un proyecto de investigación más amplio que dirige la Dra. Beatriz Gentile en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Gran parte de los trabajos abordados en relación con la prensa y la dictadura analizan el rol de la prensa “porteña”. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿Qué representaciones construyó sobre la violencia política el diario Sur Argentino en 1974? El clima de violencia política, ya para 1974, no es una novedad. Y es el propio Sur Argentino quien detalla cronológicamente los diecisiete asaltos a guarniciones militares. Además, para los primeros meses de ese año se observa como natural en la tapa de los diarios como tema central diciendo “Extremistas muertos”, como también se presenta recurrentemente en ciudades como Córdoba, Tucumán, La Plata, Capital Federal, Mendoza, Rosario la ola de violencia política.

Cuando las Fuerzas Armadas realizan procedimientos denominan al “otro” como elementos subversivos, naturalizan el uso de la fuerza por parte del Estado como forma de solución final hasta provocar la muerte del extremista.

Días más tarde al intento de copamiento a la guarnición militar por parte del ERP en Azul, en enero de 1974, el dueño del diario y senador nacional por Neuquén (MPN), Elías Sapag, más otros referentes políticos se pronunciaron al respecto en una nota de opinión publicada en Sur Argentino, utilizando expresiones tales como “ellos no tienen patria ni cabida en nuestro país”, “atentado terrorista”, “minoría apátrida”, “se benefician los intereses antinacionales”, “darles un castigo merecido y terminar con esas bandas de salvajes”. De esta manera ubican a esos actores en el mismo bloque ideológico de las declaraciones formuladas en el mes de junio por el general Otto Paladino cuando las define como “organizaciones terroristas trosko-marxistas”.

Las declaraciones de los referentes políticos como el general Paladino, comandante de la IV Brigada de Infantería de Montaña (con asiento en Neuquén capital), proponen un mismo hilo conductor para su análisis: las organizaciones armadas son un problema, representan la violencia y practican la violencia. Además, se deja entrever que la violencia sólo proviene del accionar de las organizaciones armadas.

La construcción de representaciones sobre la violencia política en el diario Sur Argentino durante los meses previos al golpe de 1976 ubica al ejército y al MPN como un nosotros y a las agrupaciones armadas como otro. La voz oficial, a la que el diario le otorga legitimidad, pertenece a ese campo del “nosotros”. Los “otros” representan el caos, la violencia a la que hay que frenar como sea. Esos “otros” son los portadores de una violencia que merece la acción combinada de la policía y el Ejército para batallar contra la guerrilla, pero sin explicar a la sociedad cómo se piensa hacer eso. Los portadores de la violencia son los “otros”, los portadores de la solución a esa violencia “nosotros”, aunque eso implique la derrota de extremistas como si se tratara de titular un resultado deportivo.

Podría decirse que el clima de época es el trato preferencial de las noticias a las versiones en las que se ubica a las organizaciones armadas como los únicos violentos y, por lo tanto, responsables del clima social y político (tensión y miedo). Producto de esto, Sur Argentino marca una distancia sobre el rol de la prensa como instrumento de diálogo social inclinándose bajo una lógica en la construcción del lenguaje (y, por lo tanto, disputa los sentidos y las claves de ese presente histórico), que busca justificar la metodología empleada por las Fuerzas Armadas y/o la Policía Federal.

* Licenciado en Comunicación Social. Integrante equipo de investigación- Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-269420-2015-04-07.html

miércoles, 1 de abril de 2015

Representaciones sobre la violencia política

Marcos Muñoz expone los primeros resultados de una investigación respecto de las representaciones sobre la violencia política construidas en 1974 por el diario Sur Argentino, controlado entonces por la familia Sapag.

Por Marcos Muñoz *
El diario Sur Argentino fue propiedad de la Editorial Sur Argentino Sociedad Anónima, ubicada en la ciudad de Neuquén e integrada por los hermanos Sapag: Felipe, Elías Cannán, Amado y José. Se publicó desde el 12 de septiembre de 1970 hasta 30 de julio de 1978.

Publicaciones periodísticas y diversos trabajos de investigación surgidos desde diferentes vertientes, entre ellas de las universidades, han dado cuenta del grado de complicidad que tuvieron medios de alcance nacional con la dictadura. En este caso y en relación con el mismo tema, se busca compartir los primeros avances de un trabajo que forma parte de un proyecto de investigación más amplio que dirige la Dra. Beatriz Gentile en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Gran parte de los trabajos abordados en relación con la prensa y la dictadura analizan el rol de la prensa “porteña”. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿Qué representaciones construyó sobre la violencia política el diario Sur Argentino en 1974? El clima de violencia política, ya para 1974, no es una novedad. Y es el propio Sur Argentino quien detalla cronológicamente los diecisiete asaltos a guarniciones militares. Además, para los primeros meses de ese año se observa como natural en la tapa de los diarios como tema central diciendo “Extremistas muertos”, como también se presenta recurrentemente en ciudades como Córdoba, Tucumán, La Plata, Capital Federal, Mendoza, Rosario la ola de violencia política.

Cuando las Fuerzas Armadas realizan procedimientos denominan al “otro” como elementos subversivos, naturalizan el uso de la fuerza por parte del Estado como forma de solución final hasta provocar la muerte del extremista.

Días más tarde al intento de copamiento a la guarnición militar por parte del ERP en Azul, en enero de 1974, el dueño del diario y senador nacional por Neuquén (MPN), Elías Sapag, más otros referentes políticos se pronunciaron al respecto en una nota de opinión publicada en Sur Argentino, utilizando expresiones tales como “ellos no tienen patria ni cabida en nuestro país”, “atentado terrorista”, “minoría apátrida”, “se benefician los intereses antinacionales”, “darles un castigo merecido y terminar con esas bandas de salvajes”. De esta manera ubican a esos actores en el mismo bloque ideológico de las declaraciones formuladas en el mes de junio por el general Otto Paladino cuando las define como “organizaciones terroristas trosko-marxistas”.

Las declaraciones de los referentes políticos como el general Paladino, comandante de la IV Brigada de Infantería de Montaña (con asiento en Neuquén capital), proponen un mismo hilo conductor para su análisis: las organizaciones armadas son un problema, representan la violencia y practican la violencia. Además, se deja entrever que la violencia sólo proviene del accionar de las organizaciones armadas.

La construcción de representaciones sobre la violencia política en el diario Sur Argentino durante los meses previos al golpe de 1976 ubica al ejército y al MPN como un nosotros y a las agrupaciones armadas como otro. La voz oficial, a la que el diario le otorga legitimidad, pertenece a ese campo del “nosotros”. Los “otros” representan el caos, la violencia a la que hay que frenar como sea. Esos “otros” son los portadores de una violencia que merece la acción combinada de la policía y el Ejército para batallar contra la guerrilla, pero sin explicar a la sociedad cómo se piensa hacer eso. Los portadores de la violencia son los “otros”, los portadores de la solución a esa violencia “nosotros”, aunque eso implique la derrota de extremistas como si se tratara de titular un resultado deportivo.

Podría decirse que el clima de época es el trato preferencial de las noticias a las versiones en las que se ubica a las organizaciones armadas como los únicos violentos y, por lo tanto, responsables del clima social y político (tensión y miedo). Producto de esto, Sur Argentino marca una distancia sobre el rol de la prensa como instrumento de diálogo social inclinándose bajo una lógica en la construcción del lenguaje (y, por lo tanto, disputa los sentidos y las claves de ese presente histórico), que busca justificar la metodología empleada por las Fuerzas Armadas y/o la Policía Federal.

* Licenciado en Comunicación Social. Integrante equipo de investigación- Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-269420-2015-04-01.html

viernes, 20 de marzo de 2015

Ciencias sociales y medios

Frente al vértigo periodístico y teniendo en cuenta la diversa producción de conocimientos que genera la universidad, Marcos Muñoz pide hacer una pausa para preguntarse ¿qué lugar ocupan las ciencias sociales en la agenda de los medios?

Por Marcos Muñoz *
Hagamos una pausa en esta locura de vértigo tecnológico y voracidad de creer que la urgencia (publícalo rápido, publícalo ahora) en el campo del periodismo es el modelo a seguir de los tiempos que corren. Se publica de todo al mismo ritmo que transita un auto de carrera. A veces creo que se publica mucho, se piensa poco. Se publica mucho, aunque algunos periodistas se toman el trabajo de no perder de vista principios muy importantes en la práctica del periodismo, como cuidar el lenguaje y los términos apropiados según el tema; ubicar la cita al contexto enunciado; no inventar ni tergiversar datos; llevar una agenda propia de temas y de la perspectiva de ellos y chequear entre varias fuentes informaciones que son de enorme trascendencia no sólo en la vida política sino que impactan de lleno en la vida de la democracia.

La diversa producción de conocimiento que genera la universidad, especialmente las disciplinas que se encuentran en el campo de las ciencias sociales, ¿qué lugar ocupan en la agenda de los medios?

Argentina cuenta con 53 universidades nacionales, 49 universidades privadas, 7 institutos universitarios estatales, 14 institutos universitarios privados, 4 universidades provinciales, 1 universidad extranjera y 1 universidad internacional, según se informa en la página oficial del Ministerio de Educación de la Nación. A esta breve estadística, hay que sumar las propuestas terciarias que ofrecen las provincias tanto en el campo público como en el privado.

Antes de continuar, quiero hacer foco en las universidades nacionales. En todas ellas se dictan clases, se investiga y se practica la extensión. En todas ellas hay cientos de docentes que están en condiciones de aportar reflexiva y críticamente, elementos teóricos y metodológicos sobre diversos aspectos de la realidad que merecen ser abordados interdisciplinarmente. ¿Se los consulta? ¿Quiénes son las principales voces que citan los medios? De toda la información que los medios organizan en su agenda, para que posteriormente su agenda pase de la órbita privada al espacio público, se puede observar en líneas generales que la producción de conocimiento científico que producen en este caso las universidades nacionales es, al menos, escaso. ¿Esto es un problema? ¿Debe ser atendida esta situación?

Mientras la aplicación de la ley de medios de la democracia es demorada en su implementación total por un sector de la Justicia Federal, algunas universidades nacionales vienen trabajando en sus canales de aire, potenciado en otros casos sus radios FM o las áreas de prensa institucional con el propósito de, por un lado, darle contenido a una ley que costó décadas ser tomada como una necesidad de la democracia y, por otro, mostrar que hay diversas formas de pensar, de repensar la compleja realidad. Realidad cambiante, dinámica, escurridiza que nos invita a reflexionarla desde distintas posiciones, pero evitando de antemano llevar en la mochila viejas recetas teóricas y viejas formas de abordaje a problemas nuevos.

¿Qué puede aportar incorporar la producción de conocimiento de las ciencias sociales en la agenda de los medios? Habitualmente –hay excepciones, dependiendo del medio– cuando se cita resultados de trabajos de investigación o publicaciones de libros, o se hacen entrevistas, se los ubica en un plano en el que se le resta densidad política. Esta forma de presentar la producción científica es un primer obstáculo a superar.

No se puede pretender, por otra parte, que toda producción de conocimiento sea tomada como una verdad universal e incuestionable. Lo que estoy diciendo es que resulta necesario que en los medios, en todos sus formatos, y los periodistas que trabajan allí, comprendan en primer lugar de qué se trata esto de tener una agenda propia y quiénes son los actores políticos que permanentemente tienen disponibilidad de espacio en sus medios, quiénes hablan, quiénes no hablan y demás. Puede resultar extraño escribir esto, pero muchas veces es claro que distintos medios ubicados en lugares alejados entre sí, no sólo comparten la misma agenda sino que curiosamente comparten los mismos puntos de vista de esa agenda.

Repensar la práctica periodista en todas sus dimensiones debe ser algo constante. Y, en este contexto, es importante pensar qué lugar ocupan las ciencias sociales en la agenda de los medios. Hagamos una pausa y revisemos nuestro trabajo. Hay que tener presente nuestro contexto cultural y nuestro contexto sociopolítico, situarnos y sentirnos parte de esta coyuntura histórica, pensar desde aquí, no desde otro lugar que no sea nuestra realidad.

* Secretario de Extensión, Facultad de Humanidades de la U. N. Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-268370-2015-03-20.html

miércoles, 4 de marzo de 2015

“Se aprobaron reformas importantes”

El político con mejor evaluación ciudadana en Chile reconoce que el gobierno de Bachelet “aprobó en un año reformas demoradas durante 25 años”, como la educativa y la electoral. Cree que la clase política debe discutir el tema de la ética.

Por Mercedes López San Miguel
Marco Enríquez-Ominami, 41 años, es actualmente el político chileno con mejor evaluación ciudadana, según el ranking elaborado por el influyente Centro de Estudios Públicos. Ex diputado díscolo de la Concertación y dos veces candidato presidencial independiente, Enríquez-Ominami se proyecta para el 2017 imaginando un eventual acercamiento con la coalición Nueva Mayoría, que lidera Michelle Bachelet. “Estamos preparados para ir solos, pero juntos somos más fuertes”, afirma a Página/12 a su paso por Buenos Aires, donde tenía previsto reunirse con Daniel Scioli y Sergio Massa.

M.E.-O., como se lo conoce en Chile, valora las cuatro reformas aprobadas en un año de gobierno de la líder socialista: educativa, tributaria, electoral y voto en el exterior. Al mismo tiempo, cree que la clase política debe discutir el tema de la ética, a raíz del “Nueragate”, un caso de tráfico de influencias que involucra al hijo de la mandataria. Entre conferencias académicas y el trabajo en su ONG, Fundación Progresa, el cineasta de profesión dirige un documental sobre los rapanui o pueblos originarios de la Isla de Pascua. “Estoy a favor de la autonomía de los pueblos originarios. La isla está a cinco mil kilómetros de las costas de Chile, en la Polinesia Francesa, tiene identidad y política propias, la gobierna un consejo de ancianos”. Además, planea hacer un largometraje con la historia de su padre biológico, el mítico guerrillero Miguel Enríquez.

–¿Con qué dirigente de la región se identifica más?

–Con Mujica. Para nosotros sería inviable seguir el camino de Chávez, Lugo, Kirchner y Correa, que construyeron su proyecto político desde el poder, porque en Chile no hay reelección. Lo nuestro va a ser una mezcla de convicción y política de alianza. Llevamos cinco años de ruptura, compitiendo en elecciones. La pregunta que surge es en qué condiciones y a qué costo haremos esa alianza.

–Se refiere a una alianza con la Nueva Mayoría

–Sí, pero también hay un mundo de izquierda que no está en la Nueva Mayoría, los ecologistas e humanistas; un conjunto de movimientos importantes. Nuestro sueño es que tengamos una gran primaria de centroizquierda, como el Frente Amplio en Uruguay. En 2009 los dirigentes de la Concertación se opusieron y perdimos todos (ganó la derecha). Estamos preparados para ir solos, pero juntos somos más fuertes.

–Bachelet avanzó con la reforma de la educación y aprobó el cambio del sistema binominal, dos de sus planteos. ¿Cómo lo evalúa?

–Lo que está haciendo es muy importante y muy valiente. Me siento parte e incluso transformador de Bachelet, aunque no haya votado por ella. En un año se aprobaron cuatro reformas que se demoraron 25 años: la tributaria, que a mi juicio es insuficiente pero es un paso; la educativa, que es importante en lo ideológico, ya que prohíbe la selección de alumnos por parte de los colegios; el cambio del sistema electoral binominal, que deja atrás una matemática perversa. A partir de ahora, Chile se va a parecer a Brasil, con un multipartidismo más real y con la búsqueda de votos en cada proyecto de ley, ya que no habrá dos bloques. Va a ser más difícil gobernar, pero para las fuerzas progresistas será más fácil participar en las elecciones. La cuarta reforma es el derecho al voto en el exterior. En Argentina hay 420 mil chilenos habilitados para votar –la mitad de los chilenos en el exterior–. A mí me importan las reglas, no el dinero: Bachelet cambió las reglas de asignación de recursos, de recaudación, de selección de alumnos. En la reforma educativa falta un 80 por ciento por aprobar, pero arrancó en lo ideológico. Antes la izquierda decía que el problema de la desigualdad era el presupuesto y eso no es cierto. Se puede aumentar el presupuesto y mantener la desigualdad. La derecha nunca estuvo de acuerdo en cambiar las reglas neoliberales.

–Está pendiente reformar la Constitución heredada de Pinochet.

–Sí, Bachelet debió haber partido por ahí. Es una estrategia distinta, pedagógica, para que los chilenos vayan cada día valorando el debate constitucional. Creo que hay condiciones de sobra con los jóvenes para instalar una asamblea constituyente, pero ella no lo comparte.

–¿Qué le pareció la manera de reaccionar de la mandataria al caso de tráfico de influencias en el que está involucrado su hijo? Sebastián Dávalos debió dejar la Dirección Sociocultural de la presidencia y él y su esposa, Natalia Compagnon, renunciaron al Partido Socialista.

–Tengo una diferencia con la discusión que se está dando en Chile sobre este tema. Lo legal es asunto de la Justicia y mi tarea es decir que se investigue y condene, pero la otra discusión es sobre la ética. El gran patrimonio de la izquierda es la ética, la reivindicación de no ser pragmáticos.

–La corrupción puede ser de derecha como de izquierda.

–Pero la forma en que se responde no es sólo legal, sino ética. Creo que Bachelet es honesta, conozco a su familia y tengo la impresión de que es honesta también. Mi abuela es íntima de su mamá, viven en edificios vecinos, puerta con puerta. Mi abuelo era militar de la fuerza aérea y era amigo de Bachelet padre. El tema de fondo es qué opina ella de ese tipo de negocios. En el país más desigual de la región junto con México, el caso del hijo de Bachelet encarna la desigualdad.

–El presidente de la Corte Suprema, Sergio Muñoz, propone un sistema de control social a la clase política por ejemplo, eliminándoles los fueros. ¿Está de acuerdo?

–Lo propuse cuando era diputado, estoy de acuerdo. Recientemente se descubrió que la derecha había creado un grupo económico para financiarse, el caso Penta, eso es un escándalo. De nuevo, lo legal es gravísimo, pero discutamos la ética, si los políticos vendieron la conciencia.

mercelopez@pagina12.com.ar

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-267312-2015-03-04.html

lunes, 2 de marzo de 2015

¿Qué lugar ocupan las ciencias sociales en los medios?

*Por Marcos Muñoz

Hagamos una pausa en esta locura de vertiginosidad tecnológica y voracidad de creer que la urgencia (publícalo rápido, publícalo ahora) en el campo del periodismo es el modelo a seguir de los tiempos que corren. Se publica de todo al mismo ritmo que transita un auto de carrera. A veces creo que se publica mucho, se piensa poco. Se publica mucho, aunque algunos periodistas se toman el trabajo de no perder de vista principios muy importantes en la práctica del periodismo como cuidar el lenguaje y los términos apropiados según el tema; ubicar la cita al contexto enunciado; no inventar ni tergiversar datos; llevar una agenda propia de temas y de la perspectiva del mismo y chequear entre varias fuentes informaciones que son de enormes trascendencia no sólo en la vida política sino que impactan de lleno en la vida de la democracia.
La diversa producción de conocimiento que genera la universidad, especialmente, las disciplinas que se encuentran en el campo de las ciencias sociales: ¿qué lugar ocupan en la agenda de los medios?
Argentina cuenta con 53 Universidades Nacionales, 49 universidades privadas, 7 institutos universitarios estatales, 14 institutos universitarios privados, 4 universidades provinciales, 1 universidad extranjera y 1 universidad internacional, según se informa en la página oficial del Ministerio de Educación de la Nación. A esta breve estadística, hay que sumar las propuestas terciarias que ofrecen las provincias en el campo público como en el privado. Antes de continuar, quiero hacer foco en las Universidades Nacionales, a ellas quiero referirme.
En las universidades nacionales, en todas ellas, se dictan clases, se investiga y se practica la extensión. En todas ellas, hay cientos de docentes que están en condiciones de poder aportar reflexiva y críticamente, elementos teóricos y metodológicos sobre diversos aspectos de la realidad que merecen ser abordados interdisciplinarmente. ¿Se los consulta? ¿Quiénes son las principales voces que citan los medios?
De toda la información que los medios organizan en su agenda, para que posteriormente su agenda pase de la órbita privada al espacio público, se puede observar en líneas generales, que la producción de conocimiento científico que producen en este caso, las universidades nacionales es, al menos, escaso. ¿Esto es un problema? ¿Debe ser atendida esta situación?
Mientras la aplicación de la Ley de Medios de la Democracia es demorada en su implementación total por un sector de la justicia federal, las universidades nacionales, algunas de ellas, vienen trabajando en sus respectivos canales de aire, potenciado en otros casos sus radios FM o las áreas de prensa institucional con el propósito de, por un lado, darle contenido a una ley que costó décadas ser tomada como una necesidad de la democracia y, por otro lado, mostrar que hay diversas formas de pensar, de repensar la compleja realidad. Realidad cambiante, dinámica, escurridiza que nos invita a reflexionarla desde distintas posiciones pero evitando de ante mano, llevar en la mochila, viejas recetas teóricas y viejas formas de abordaje a problemas nuevos.
¿Qué puede aportar incorporar la producción de conocimiento de las ciencias sociales en la agenda de los medios? Depende el medio, pero habitualmente cuando se cita resultados de trabajo de investigación, o publicaciones de libros, o entrevistas suelen ser ubicadas en un plano en el que se le resta densidad política. Esta forma de presentar la producción científica es un primer obstáculo a superar. Por otra parte, no pretendo, que toda producción de conocimiento sea tomada como una verdad universal e incuestionable. Lo que estoy diciendo es que resulta necesario que en los medios, en todos sus formatos, los periodistas que trabajan allí, en primer lugar asuman de qué se trata esto de tener una agenda propia (resulta extraño escribir esto, pero muchas veces es claro que entre distintos medios ubicados en lugares alejados entre sí, no sólo comparten la misma agenda sino que curiosamente comparten los mismo puntos de vista de esa agenda) y quiénes son los actores políticos que permanentemente tienen disponibilidad de espacio en sus medios, quiénes hablan, quiénes no hablan, y demás. Repensar la práctica periodista en todas sus dimensiones debe ser algo constante. Y, en este contexto, pensar qué lugar ocupan las ciencias sociales en la agenda de los medios. Hagamos una pausa y revisemos nuestro trabajo. Hay que tener presente nuestro contexto cultural y nuestro contexto sociopolítico, pensar desde aquí, no desde otro lugar nuestra realidad.

*Lic. en Comunicación Social. Secretario de Extensión de la Facultad de Humanidades de la UNComahue. Contacto: marcosnqn@hotmail.com

miércoles, 18 de febrero de 2015

Comunicación de la ciencia

Por Antonio Mangione *
En los ámbitos científicos y académicos, se plantea como hipótesis y a veces con una certeza inquietante que las ciencias sociales y humanidades tienen menos valor que las ciencias exactas y naturales. Que las ciencias mal llamadas duras gozan de un alto prestigio y mayor valoración que otras ciencias dentro de la academia. Las diferencias de aproximación de tipo metodológico o la falta de reconocimiento de estas diferencias o por caso las posturas de tipo epistemológicas en torno de la práctica científica han consolidado esta valoración diferencial.

Mientras que unas ciencias, por ejemplo las exactas y naturales, son respetables y confiables, las ciencias sociales no lo serían. Parámetros como la rigurosidad, la robustez y la repetibilidad serían propios de ciertas ciencias y no de otras. Sin embargo, se consideran trasladables de una ciencia a la otra. Existen procesos irrepetibles, pero no por eso son menos valiosos. Al mismo tiempo los abordajes pueden ser realizados con rigurosidad en distintos tipos de ciencias y con distintas metodologías.

Al análisis anterior podría sumársele el hecho de que las ciencias sociales han sufrido recortes de financiamiento y, por lo tanto, alteraciones en su desarrollo y consolidación. Por otro lado, las ciencias sociales y las humanidades ponen a la política, a la economía y a la propia ciencia bajo análisis e interpelan a estas actividades que son espacios de construcción y ejercicio de poder.

La inversión económica hecha en Argentina en las ciencias sociales y humanidades fue siempre relativamente baja. Las ciencias exactas y naturales representan el 21 por ciento de la inversión en el 2011 y las ciencias sociales, el 11 por ciento. Sin embargo, existe una tendencia hacia un incremento en la asignación de fondos a I+D antes que a ciencias sociales. La inversión subió de 2001 a 2011 en un 15 por ciento para las ciencias sociales por ejemplo y 12 por ciento para ciencias exactas y naturales. En Chile, Colombia, Uruguay y otros países de América latina la situación es similar. Es decir, las ciencias naturales y exactas doblan a las ciencias sociales. En México la inversión en I+D es hasta 7 veces mayor que en ciencias sociales. Estas son condiciones estructurales dentro de las cuales se ve afectada la valoración de las distintas disciplinas científicas.

El dato no es menor si se considera que los egresados del grado y del posgrado provienen en su mayoría de las ciencias sociales. Las condiciones estructurales arriba mencionadas podrían además estar interfiriendo con el acceso a las investigaciones y desarrollos en estas áreas con menos financiamiento. Este problema claramente ha sido visualizado por las autoridades correspondientes.

Al respecto, en el año 2003, por no ir mucho más atrás, las becas otorgadas dentro de la gran Area de las Ciencias Sociales del Conicet representaban el 70 por ciento de las que se otorgaban en la gran Area de Ciencias Biológicas y de la Salud del mismo organismo**. Esta situación se revierte y en el 2013 no había diferencias. En el mismo período, las becas para ciencias sociales se multiplicaron por 5, mientras que en ciencias biológicas y de la salud, por 4. La recomposición de este retraso en la inversión en ciencias sociales fue compensada a expensas de un decrecimiento en la inversión en las áreas de Ciencias Biológicas y de la Salud y en las Ciencias Exactas y Naturales***.

Cuando se trata de la comunicación pública de las ciencias la pregunta es: ¿ciencias sociales, dónde están?

La práctica científica exige la comunicación, en principio entre científicos, de hallazgos y procesos científicos. Por fuera del ámbito científico, en los medios se comunican hallazgos científicos, más que procesos de generación de conocimientos científicos. Los medios de comunicación cumplen un papel fundamental en, además de informar sobre las ciencias, construir sentidos en torno de las ciencias.

¿Existe una valoración diferencial de estas ciencias a la hora de ser comunicadas? ¿En qué medida las investigaciones sobre pobreza, inclusión, lenguaje, lingüística, historia comparada, economía comparada, política, análisis institucional comparado son consideradas como potenciales noticias en medios?

La heterogeneidad de abordajes, la diversidad de metodologías, el reconocimiento de las contribuciones de una u otra ciencia, la comunicación de sus generalidades y sus particularidades se convierten en un desafío, en campo de estudios, en campo de debate. Este es el campo de intervención de las ciencias sociales, de políticos, de los propios investigadores y el desafío de las y los comunicadores y periodistas que las comunican.

* Doctor en Filosofía. Universidad Nacional de San Luis.

** Conicet en Cifras http://www.conicet.gov.ar/acerca-de-conicet-en-cifras/

*** El Estado de la Ciencia 2013 http://www.ricyt.org/publicaciones

http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-263359-2015-01-07.html

viernes, 5 de diciembre de 2014

Medios en el Alto Valle: Qué tenemos y qué necesitamos

Por Marcos Muñoz
Oportunidades. Oportunidades de escucharnos en el pensamiento. Oportunidades de escucharnos en el pensamiento y reflexionar sobre los supuestos que nos constituyen como habitantes de un territorio diverso, complejo política y culturalmente e increíblemente sinuoso y tentado por pasiones a veces algo escabrosas.
El Capítulo Patagonia Norte de los Foros por una Nueva Independencia, realizado a fines de noviembre en la Universidad Nacional del Comahue, aportó numerosos espacios de debate y la invalorable interrelación entre docentes universitarios, docentes de nivel medio, integrantes de organizaciones civiles, funcionarios nacionales, legisladores nacionales y provinciales, militantes, entre otros representantes.
Estos Foros no tuvieron, en la prensa regional hegemónica del Alto Valle, la trascendencia que es de esperar. Ni durante ni después del Foro permitió a sus periodistas hacer un seguimiento de las discusiones en comisiones ni de los debates en cada panel. Circularon más de 700 personas durante los tres días de actividad, en la convicción profunda de la Universidad Nacional de ser un espacio de encuentro y de tensiones en la discusión, con apertura plena. Sin embargo, por ejemplo, sólo se registra una nota publicada en un diario regional en referencia a la apertura de los Foros. La contracara de ese cerco o clausura informativa es el enorme rol de la propia radio universitaria, de la oficina de prensa de la UNCo, y del permanente acompañamiento de las emisoras de Radio Nacional en la provincia de Neuquén: Chos Malal, Zapala y San Martín de los Andes.
Si pensamos en los desafíos para una Nueva Independencia, sin dudas hay que tomar nota y sostener como fuente de debate: ¿Qué tipo de práctica comunicativa necesita nuestra democracia, en especial en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén? ¿Queremos una prensa regional en el Alto Valle que clausure el debate de espacios que buscan escuchar la diversidad de pensamientos? ¿Queremos una prensa que solo se ocupe de destinar cientos de párrafos a una interna partidaria? ¿Para qué y para quién está este tipo prensa? ¿Qué pasa con la pluralidad de voces en esta prensa? ¿Qué opinión le merece a la ciudadanía esta práctica comunicativa?
A modo de muestra, alcanza un botón, y ese botón es la escasa visibilidad mediática que tuvieron las importantes discusiones en los Foros realizados en la Universidad Nacional del Comahue. Grandes discusiones se forjaron, quedaron abiertos numerosos temas para retomar permanentemente en la agenda académica, en la agenda de las políticas públicas, gremiales, de las propias asociaciones civiles, en la militancia. En fin, el encuentro hizo posible encarar las ideas, tensionarlas, someterlas a nuestras propias contradicciones y a nuestra propia ética, someterlas a este tiempo histórico. Imposible salir de los Foros de la misma manera en que entramos aquel jueves. Claro, eso vivimos quienes estuvimos ahí y nos entregamos a descubrir o redescubrir el debate racional y pasional a la vez, pensando en los incontables desafíos de la Nueva Independencia, en los logros asistidos por esta democracia, sin renunciar a los debates que restan y asumiendo las deudas pendientes, sin evasivas.
Entre esos debates, la Ley de Medios ha sido y será seguramente por mucho tiempo un gran hito en la historia de nuestro país. Sin embargo, hay que seguir trabajando mucho para que el espíritu de la ley pueda ser aplicado.
Entonces, ¿por qué algunos medios masivos desinformaron a la población al respecto de una actividad que tenía como epicentro la Universidad Nacional y no invitó a participar a toda la ciudadanía? ¿Por qué algunos medios sistemáticamente desconocen los puntos de encuentro entre ciudadanía, universidad, militancia, representantes gremiales, organizaciones civiles, legisladores y funcionarios que buscan pensar juntos los problemas de nuestro tiempo? Es el momento de discutir y debatir: ¿qué medios de comunicación tenemos en el Alto Valle y qué medios necesitamos?

* Licenciado en Comunicación Social. Secretario de Extensión de la Facultad de Humanidades de la UNComahue. Coordinador del ciclo radial Humanidades.
marcosnqn@hotmail.com

lunes, 23 de junio de 2014

La Cuestión Malvinas II: Puesta en valor de la tesis Doctoral de Andrea Rodríguez

Este lunes 23 de junio entre las 14 y las 15 horas, los invitamos a escuchar el ciclo radial “Humanidades” por radio Universidad-Calf 103.7www.radiouncocalf.com.ar
Segunda emisión “La Cuestión Malvinas”. Como lo habíamos anticipado, Malvinas merecía más de un programa y cumplimos. En la radio, nos visitará la docente Andrea Rodríguez, Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades, quién realizó en su tesis doctoral "Entre la guerra y la paz: la posguerra de los excombatientes del Apostadero Naval Malvinas. Experiencias, identidades, memorias".
Luego será el turno de Sabrina Aguirre con su columna “La lucha facciosa militar y la Guerra de Malvinas”.
Este ciclo radial se retransmite en vivo por FM Arco Iris de Loncopue, los martes de 17 a 18 horas por Radio Nacional Zapala y por FM Andina en Chos Malal.
Coordinación general: Marcos Muñoz. Columnistas: Rocío Fit, Nahuel Herrera, Sabrina Aguirre, Víctor Yañez, Mariana Pérez Valero y Emilio Alochis.

Nota: la imagen es sólo a fin de ilustrar la nota.

Nota II: este es el link para escuchar el programa on line: www.ivoox.com y buscan Humanidades-Marcos Muñoz

viernes, 6 de junio de 2014

La credibilidad es para el periodista y no para la empresa periodística

Apuntes sobre el 7 de junio, conmemoración del día del Periodista. ¿Qué momento está transitando el periodismo en el Alto Valle? ¿Cuáles son los desafíos y los obstáculos?

Por Marcos Muñoz*
Por estos días, trabajadores de prensa viene reclamando (y con ánimo de justicia) que tanto sus condiciones laborales como sus magros salarios, mejoren. El reclamo es necesario, justo e impostergable. Im-pos-ter-ga-ble (anoten).
¿Cuántos periodistas en la provincia de Neuquén y de Río Negro tienen sueldos actualizados? ¿Cuántos periodistas en la provincia de Neuquén y de Río Negro tienen sueldos magros, miserables? Apuesto que los segundo son ampliamente la mayoría. Sin embargo, muchos aún se resisten a organizarse para luchar por sus derechos o, tal vez, no sepan que tienen derechos como cualquier trabajador. De esa forma, le permiten a sus empleadores seguir tratándolos inmerecidamente, por fuera de la ley. Tal vez, esa postura, pueda ser entendida como un nuevo tropezón en la historia de algunos trabajadores de prensa. Siempre se está a tiempo de revertir esa triste historia.
¿Para qué está el periodismo? Por estos tiempos, y luego de innumerables velos que la propia justicia y la ciudadanía han corrido, parece ser que la credibilidad de las empresas periodísticas no goza de muy buena salud. Y eso no implica que el periodista, sea parte de esa responsabilidad. Por supuesto, hay de todo en esta vida. Lo que digo que es está cada vez más claro que las empresas periodistas presionan y manipulan determinadas informaciones estratégicas para la salud institucional de algunos gobiernos y para beneficios de muchas empresas privadas como de sindicatos. La ciudadanía toma nota de eso. La credibilidad es para el periodista y no para la empresa periodística.
Más entendibles resultan las noticias si admitimos que detrás de esas noticias hay empresas periodísticas que tienen un directorio o un dueño que como mínimo tiene otras empresas ligadas a diversos sectores de la economía. Y un medio de comunicación en ese escenario se transforma en un factor de presión muy sutil que alimenta los intereses del empresariado. Mientras tanto, en esas empresas, los periodistas trabajan, a conciencia democrática, hacen esfuerzas muy loables.
Un periodista conoce y sabe que la práctica de un periodismo con perspectiva en derecho humano y democrático, no crea las condiciones de futuras injusticias para su comunidad, no crea las condiciones de futuros gobiernos que construyen sociedades binarias (sociedades desiguales) y un periodista que ame el oficio y/o profesión maneja su propia agenda de temas y está muy atento a los cambios que se avecinan en su entorno social.
La práctica del periodismo puede ser apasionante en tanto y en cuanto se dejen de lado pretensiones de objetividad y se reconozca que se es imposible (aunque se lo niegue brutalmente) estar ajenos a posicionamientos ideológicos. Tal posicionamiento ideológico implica asumir con mayor grado de compromiso las reglas del oficio del periodismo, la seriedad en el trabajo diario, el permanente esfuerzo por ser un lector y un crítico, trabajar con la pluralidad de ideas, investigar y un irrenunciable compromiso con la democracia y lo público.

*Lic. en Comunicación Social. marcosnqn@hotmail.com