jueves, 28 de enero de 2016

Las dimensiones del trauma: reflexiones desde la experiencia argentina

En un momento en que se pone en cuestión el lugar del Estado, la ex directora del Centro Ulloa reflexiona sobre el lugar que puede y debe ocupar el propio Estado en el acompañamiento y reparación de las víctimas, sean éstas de crímenes de lesa humanidad, de la violencia institucional o de tragedias como Cromañón.

Por Julieta Calmels *

Cuando fue escrito el texto que se reproduce a continuación no imaginábamos que a dos meses de su salida tuviéramos que defender, como sucede en el contexto actual, la continuidad de las políticas de derechos humanos. El Centro Ulloa es un Centro creado en el año 2009 que asiste integralmente en salud (fundamentalmente en salud mental) y acompaña en todo el país a víctimas de violaciones a los derechos humanos: víctimas del Terrorismo de Estado, víctimas de violencia institucional, incorporándose en el último tiempo la atención a víctimas de Cromañón y acompañando juicios como el de encubrimiento al atentado a la AMIA. Ha cumplido un papel clave en el tránsito de las víctimas-testigo en los juicios de Lesa Humanidad acompañando en estos años a más de 3.000 víctimas y realizando más de 2000 tratamientos en salud mental. Contribuyó así a hacer más integral la política de Reparación en la argentina. Estas tareas tuvieron el foco puesto en el respeto y protección singular de las víctimas teniendo como horizonte la política de Reparación del Estado Nacional, en el marco de las políticas de Derechos Humanos en la Argentina desde el 2013.

Lamentablemente el Centro Ulloa ha visto afectadas sus tareas por medio de despidos inesperados, inexplicables, que han generado la pérdida del empleo de varios profesionales y que por ello mismo han afectado la asistencia psicológica y en trabajo social de muchas de las víctimas que ahí se asisten. Estos despidos constituyen actos de violencia y desamparo para con las víctimas estando en las antípodas de las políticas de reparación. Esperamos que esto sea revertido en breve, pero que fundamentalmente las nuevas autoridades puedan comprender la importancia de estas políticas y el daño real que implica discontinuarla para cientos de personas sobrevivientes y familiares de las tragedias más grandes de nuestra historia. El texto que se reproduce cobra especial valor en el contexto actual, ya que aborda justamente la importancia del rol que asuma el Estado en las tareas de salud mental posibles de llevar a cabo con las víctimas.(J. C.)

La historia argentina ofrece diferentes momentos en lo que hace al lugar y responsabilidad del Estado ante el horror y diferente relación con la ley jurídica y simbólica. Estas profundas variaciones dejaron efectos sociales y singulares muy importantes.

El impacto de ello en la vida de las personas es lo que nos lleva a plantear que para pensar y trabajar con lo traumático hay que contemplar tres elementos: lo exterior (la violencia que afecta a las personas), lo singular de cada sujeto (en lo que hace a los modos de recepción, enlaces y des-enlaces de esa violencia en la temporalidad de la vida) y lo social en sentido amplio (lo que se hace con esa violencia y con las personas desde la comunidad y el Estado y la Justicia. Queremos remarcar cómo lo traumático tiene necesariamente una vinculación con el campo del Otro en las variadas formas en que este pueda aparecer y que el Estado es una de esas formas de alto poder de determinación.

Estas tres dimensiones componen y hacen a lo traumático. En el trabajo con cada persona están ensambladas, pero aquí las diferenciamos con el objetivo de poner de relieve la dimensión social, pues el proceso de Memoria, Verdad y Justicia evidenció que tiene un peso específico al momento de trabajar con lo traumático.

Las tres dimensiones del trauma: lo exterior, lo singular y lo social

Lo exterior y lo singular

Estas dos dimensiones son diferenciadas por Colette Soler al trabajar el concepto de trauma, cuando sostiene que por un lado está el “golpe de lo real” y por otra parte “las secuelas”. Dice que “hay siempre dos componentes: uno que es el golpe de lo real en todas sus configuraciones y otro es lo que voy a llamar secuelas (...) ¿De qué se tratan las secuelas? Se trata de las repercusiones subjetivas. (...). El traumatismo en su impacto es real, puro real. Las secuelas son siempre del sujeto”. 1

Aunque ya es sabido que la relación entre la realidad exterior y la realidad psíquica adquieren para cada sujeto una complejidad no abarcable en este texto, y aunque pueda ser simplificador para algunos, es necesario subrayar que hay hechos materiales que es importante tener presentes al momento de trabajar con lo traumático. Importa identificar cuál es la violencia objetiva, material. No es lo mismo, por ejemplo, haber estado secuestrado que no haberlo estado, haber sido violado/a que no haber sufrido esa violencia sexual, haber sido apropiado y negada la identidad que haber crecido sabiendo quién es uno.

Los hechos importan, y junto a ello las marcas singulares que estos dejan en el cuerpo y en el psiquismo de cada persona: impresiones sensoriales/senestésicas y también significantes como las palabras que se proferían en las torturas o en las apropiaciones. Hechos que tienen una particular presencia en lo traumático y que se evidencian en las series de la repetición, cuando aquel real se reedita en pesadillas, pensamientos intrusivos, sensaciones corporales, etc.

Signos que no aparecen por el lado de lo metafórico, de la ecuación, sino por el lado de la emergencia de fragmentos del real mismo, evidenciando justamente las dificultades para la represión y todos sus derivados: síntomas, sueños, etc.

Silvia Bleichmar trabaja sobre esta perspectiva analizando que los modos de emergencia del traumatismo “no tienen el carácter simbólico que Freud le concede al síntoma, sino que forman parte de la presencia de lo visto y de lo oído que operan en el sujeto sin una metábola posible”2. Los hechos tienen un peso propio que reaparece como aquello de lo cual el sujeto no puede, a pesar suyo, desligarse, ofreciendo a la escucha y la mirada del analista una sensación de que el tiempo no ha transcurrido.

Lo social: Comunidad, Estado y Ley

- La comunidad

El papel que cumplen los organismos de derechos humanos en la Argentina, y también los grupos de madres que reclaman justicia por la muerte de sus hijos por las fuerzas de seguridad o por la trata de personas, son ejemplos paradigmáticos de un tipo de reacción desde la comunidad.

En primer lugar por la puesta en discurso de las situaciones vividas no como hechos meramente singulares, sino como fenómenos sociales. Luego por dar una significación sobre los hechos (“asesinatos”, “desaparición con vida”, “terrorismo de Estado”) y una interpretación de los lugares (víctimas y victimarios). En todos estos casos hay una sanción social de los hechos y una búsqueda de reparación vía la demanda de una ley transgredida: “juicio y castigo a los culpables”. Esta demanda es un acto ético –invaluable en algún sentido– pues, en ninguno de estos casos se cometieron actos de venganza. Por el contrario, la demanda de justicia sostiene el lugar simbólico de la ley en su apelación, incluso ante la más profunda impunidad vivida en nuestro país en la década de los 90.

Este posicionamiento tiene efectos subjetivos en las madres y familiares, como también en la sociedad. En un sentido inverso, podría enumerarse otros posicionamientos desde la comunidad (la indiferencia, la estigmatización, el rechazo, la condena social) que generan efectos contrarios a los señalados y que transforman lo traumático en un dolor sin ataduras ni ligazón social produciendo una mayor patologización individual y recrudecimiento de los síntomas. Junto a ello produce en muchos casos un agregado de nuevas violencias como el estigma y la culpabilización que profundizan aspectos melancólicos o depresivos.

- El Estado y sus efectos simbólicos

Sintetizando, podemos decir que para salir de la escena del horror se requiere de tres movimientos. Por un lado, la interrupción de los hechos de violencia (materiales y simbólicos), y por otro, un movimiento del sujeto para pasar a otra escena. Pero también es necesario un movimiento de las instituciones del Estado. Si la violencia se interrumpe y el sujeto realiza un movimiento para posicionarse de modo diferente, pero las instituciones no asumen lo ocurrido como algo que también les concierne, el hecho queda meramente en la interioridad de cada persona y las posibilidades subjetivas de cada quien. Los traumatismos que involucran colectivos sociales y, más aún, los que ocurren como consecuencia de violaciones a los derechos humanos deben asumirse como un hecho que concierne al Estado, porque por definición el Estado está comprometido en esta violencia. Más radicalmente podríamos decir que es imposible que el Estado (sus tres poderes) no asuman posición. El tema está en cuál es la posición a asumir ya que todas ellas producen indefectiblemente un efecto. Ante hechos tan graves como las violaciones a los derechos humanos, en primer lugar debe ponerse en funcionamiento la justicia y la reposición de la ley transgredida para reconocer las responsabilidades y hacer valer las consecuencias: la sanción. Pero incluso estando eso, también es necesaria una segunda operación: la inscripción de las víctimas en la comunidad, que puedan filiarse a una genealogía social común que no las excluya, las segregue o las estigmatice. Este movimiento le concierne también al Estado.

Esta inscripción en la comunidad se produjo de forma muy intensa cuando los organismos de derechos humanos fueron incluidos en las políticas de Estado generando un hecho inédito: que quien entonces representaba al Estado Argentino se reconociera como “hijo de las madres y las abuelas”. Lo que hasta entonces había sido segregado, perseguido, estigmatizado –las locas–, reprimido –el 19 y 20 y tantas otras veces–, fuera reconocido como núcleo ético de filiación de una generación y más aún de un nuevo período de la historia Argentina.

Por otra parte, en el caso de las violaciones a los derechos humanos el Estado debe desplegar un reconocimiento de esa violencia y sus efectos. Esto supone también reconocer la situación de desvalimiento de los sujetos ante ello, reconocer la condición de víctima. No para perpetuarla, menos aún para volverla una identidad. Por el contrario, supone ofrecer a quienes están en situación de desvalimiento y desamparo (efectos propios de lo traumático), un alojamiento simbólico desde donde comenzar el trabajo de elaboración sobre los efectos de lo traumático.

El conjunto de estos movimientos estamos convencidos que debe provenir de la centralidad del Estado y entendemos que no es lo mismo que provenga de ahí que de otras instituciones como la comunidad, la familia o la sociedad civil. Así como los efectos de violencia se multiplican en lo simbólico y material si provienen del Estado (terrorismo de Estado, violencia policial, Impunidad, etc.), también los efectos de reparación se multiplican si surgen de él. Que sea el Estado quien asuma el peso de las políticas de reparación produce una pacificación del tormento interior porque hay un exterior que lo reconoce y en ese movimiento lo vuelve algo que existe más allá del sujeto. En este sentido permite un lugar donde inscribir ese padecimiento como un padecimiento que ya no es solamente algo entre él y su verdugo. Permite salir de la “encerrona trágica” de la que hablaba Fernando Ulloa cuando tematizaba los efectos del terrorismo de Estado pues ingresa ese “tercero de apelación” al que se refería el mismo autor3.

- La ley jurídica y la ley simbólica

El Estado no es cualquier institución ante la Ley jurídica. Es el garante de dicha ley. Una vez consumado, por ejemplo el hecho del terrorismo, si el Estado no repara deja de ser garante de la ley en el plano simbólico para un sujeto. Por eso es necesario que las políticas de reparación supongan al Estado como garante y... ¿qué es lo que garantiza? La reintroducción de la Ley Jurídica como ordenador social y, por lo tanto, la recomposición social del contexto donde habita ese sujeto.

Ese Otro Social tan especial que es el Estado como garante de Ley, no implica solamente la asunción de la responsabilidad sobre los hechos, sino algo más profundo y duradero aún: que se garantice de aquí en más un orden social regido por la ley, eso que se cristalizó en la consigna del “nunca más” y jurídicamente se conoce como la “garantía de no repetición”. Es decir, la seguridad de una recomposición y garantías de la ley. Si no se hace esa operación se deja al sujeto a merced de lo que pueda solamente hacer “él” o “ella”.

Si esto no puede garantizarse como principio, la justicia declina en su función esencial. Esto es lo que sucedió por muchísimos años en Argentina. No solamente durante la dictadura militar, sino en largos tramos de la historia democrática desde el año 1983 al año 2003 donde finalmente se recuperó la idea de un Estado que se responsabiliza en la búsqueda de justicia, largamente esperada y buscada por los organismos de derechos humanos.

La impunidad es el aspecto jurídico de un estado de cosas donde las leyes jurídicas no son respetadas y se transgreden. O bien donde los propios Estados promueven leyes que suspenden o anulan otras (como sucedió con las leyes y decretos de impunidad en Argentina).

Estados liberales y Estados democráticos

Volvamos a pensar el papel del Estado y su función de garante de la ley en nuestra historia reciente.

Si el Estado de impunidad ha oficiado en Argentina como una vuelta a los infiernos no fue solamente por no garantizar justicia, sino por el hecho de que habiendo impartido un tramo de justicia, la negó, como sucedió con los decretos de indulto. La burla de la ley dentro de un Estado de derecho.

En las antípodas de esto, encontramos al Estado Nacional, a partir del año 2003 hasta el año 2015 –y particularmente desde el Poder Ejecutivo–, asumiendo las responsabilidades y reponiendo el lugar del Estado para hacer valer la ley. “Vengo a pedir perdón en nombre del Estado Nacional por la vergüenza de haber callado durante tantos años tantas atrocidades...”. 4 es un enunciado que sintetiza la apertura de otro período de nuestra historia y otra relación del Estado con la ley. Un pedido de perdón que solo puede pronunciarse si en ese mismo momento se asume en toda su dimensión el lugar simbólico del Estado y con ello, no solo sus potencias, sino también sus deudas.

Este enunciado, encadenado a un gesto –descolgar los cuadros de los genocidas– desanudando el horror y el poder de la muerte de los símbolos nacionales y acompañado por el envío al Congreso Nacional de un proyecto de derogación de las Leyes de Impunidad –forzando a actuar a la Justicia– fue el acto inaugural de un Estado Democrático con todas sus consecuencias materiales y simbólicas.

Fue encarnar el lugar simbólico del Estado para hacer valer una ley burlada durante más de tres décadas en la Argentina. Aquella frase del ex presidente Néstor Kirchner lo sintetiza. “Vengo a pedir perdón en nombre del Estado...” es asumir el Estado en tanto función. En nombre de..., es la referencia a una función desde donde la ley puede operar. El lugar desde donde ella puede tener eficacia. Es la asunción de ese lugar siempre simbólico, y gracias a eso también jurídico. Aceptar el peso de encarnarlo de un modo en que ponga en funcionamiento una ley que atraviese a todos, incluso a quien la enuncia. Por ello es acertado cuando dijo que “no es rencor ni odio lo que nos guía y me guía, es justicia y lucha contra la impunidad”.

Por el contrario, lo que sucedía en el período de la impunidad neoliberal en la Argentina es que el vaciamiento del Estado no era meramente una entrega del patrimonio Nacional al mercado, sino que con ello también había una entrega del lugar simbólico del Estado, quizá su mayor patrimonio. Entrega, renuncia a esa función que el Estado puede tener de regular y garantizar determinados derechos en la vida social. Vaciar el Estado entonces, tiene su correlato en otros aspectos de la vida social, como lo es el vaciar su potencia de ley, vaciar su noción de justicia y de igualdad.

Un Estado vaciado y entregado, en lo que respecta a las situaciones que analizamos, no puede menos que empujar a las víctimas al desamparo simbólico. Por el contrario, asumir el Estado, asumir su función produce como consecuencia una sanción simbólica y material de las responsabilidades que inaugura una escena nueva (singular y colectiva) para tramitar lo traumático y continuar la vida.

Tenemos por tanto, una versión del Estado que desenlaza al sujeto y a la comunidad del campo de la ley, mientras que la otra posición integra al sujeto, sancionando al horror como algo por fuera de las reglas de lo común, como algo que debe ser sancionado porque atenta contra lo común que nos hace a todos sujetos de una comunidad.

La experiencia clínica demostró que ante eventos catastróficos, de alto potencial traumático, la posición que asume el Estado a través de sus tres poderes es determinante. Y que cuando el Estado se desentiende, no imparte justicia, no ampara ni repara y -fundamentalmente- cuando no produce un revestimiento e inscripción simbólica del acontecimiento con todas sus consecuencias los sujetos quedan en “caída libre”.

Cuando esto pasa, cuando hay ausencia del Estado, de las políticas de Estado para con las víctimas, éstas quedan libradas meramente a su singularidad, variando en cada quien los soportes que haya podido tener o conseguir en su historia, la clase social a la que pertenezca, el azar de su constitución psíquica y la posición singular que cada quien pueda adoptar a partir de todo esto. Nada más liberal en última instancia que el corrimiento del Estado, así como nada más democrático que la potencia de su aparición, pues nos vuelve iguales aún con nuestras diferencias.

Una u otra forma del Estado, no debiéramos tener temor a decirlo, depende de una concepción política del rol del Estado que tiene raíces ideológicas. No debiéramos tener temor a decir, a formular con rigor, por la evidencia y muchos años de experiencia clínica con víctimas en Argentina, que los Estados Democráticos que asumen su función y que tienden a la inclusión social, la justicia y la garantía de derechos generan mayor bienestar, mayor salud y mejores posibilidades para la reparación subjetiva de las grandes catástrofes de la historia. Mejores condiciones que aquellos Estados que tienden a la exclusión, la inequidad social, vaciándose para que las reglas no sean las del Estado sino las del mercado. El mercado (en el mejor de los casos) regula bienes, mientras que el Estado –al menos aquellos donde sus gobernantes están dispuestos a hacer valer su función– garantizan derechos y hacen valer para ello a la ley como ordenador simbólico y jurídico de una sociedad de iguales.

Notas:

1 Colette Soler. Cap. El trauma en ¿Qué se espera del psicoanálisis y del psicoanalista?, Editorial Letra Viva, Bs. As, 2009. Págs. 151-152.

2 S. Bleichmar. Op. Cit. Pág. 343.

3 Ulloa, F. “La encerrona trágica en las situaciones de tortura y exclusión social” en diario Página/12, 24/12/1998.

4 Discurso del ex presidente N. Kirchner 24/3/2004 en la creación del Museo de la Memoria (Ex ESMA).

* Psicóloga. Ex directora Centro Ulloa. Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos. Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Este texto forma parte del libro Experiencias en Salud Mental y Derechos Humanos. Aportes desde la política pública, editado en noviembre de 2015 por el Centro Ulloa en la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (http://www.jus.gob.ar/me dia/3118817/salud_mental_web_0112.pdf o en http://bit.ly/23pbtde).


http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-291255-2016-01-28.html

miércoles, 22 de julio de 2015

Di Benedetto y el periodismo

Por Marcos Muñoz*
Antonio Di Benedetto. ¿Esperó lo imposible de llegar? Tal vez. Tal vez no. ¿Profeta en su tierra? Algún día. Sin embargo, innumerables seres continúan descubriendo su obra literaria y periodística, sobre toda la primera y con enormes repercusiones en la práctica de la segunda. Seguramente, por accidente llega a nuestra manos algún libro, un documental, un artículo periodístico, una foto, algo de algo, eso provoca, impacta a la curiosidad. Y ahí estás, Antonio Di Benedetto. Piedra libre DB en la marea de la desinformación que provoca el empacho de tanta basura que se dice y se escribe sin ética y respeto.
Necesito y quiero rescatar la labor periodística del escritor olvidado por el diario Los Andes cuando tuvo la oportunidad de respaldarlo en 1976. Transitar el sendero de la vida de Di Benedetto, es provocar la reflexión sobre el rol del periodismo desde la autoproclamada Revolución Libertadora hasta la primavera alfonsinista. Sobre todo buscar investigar qué pasó con el periodismo en las provincias del interior. Ardua tarea pero impostergable. ¿Hay investigaciones al respecto? ¿Dónde están?
Golpes de Estado, seudo gobiernos democráticos, proscripción del peronismo, persecuciones a militantes contestatarios, el breve período de Cámpora en la Presidencia de la Nación, el retorno de Perón al Poder Ejecutivo y el principio de la irracionalidad absoluta de la mano de la gran conductor. El periodismo también es parte de esa historia. ¿Qué pasó con los diarios de entonces en las provincias argentinas?
Di Bendetto a diferencia de Francisco Paco Urondo o de Rodolfo Waslh (como de otros cientos de periodísticas en Argentina) no militaba en ninguna agrupación política. Por el contrario, el hombre era distante ante eso. Aunque es cierto, mientras estuvo como Director del diario mendocino Los Andes y El Andino, siempre publicó información referida a desapariciones y torturas que se producían, por ejemplo, durante el gobierno de Isabel Perón.
Es curioso, mejor dicho, irónico como tomé conocimiento de este mendocino en mi época de estudiante universitario. Supe de Di Benedetto por un documental que estudiantes de cine de Mendoza presentaron (quisiera recordar la fecha, probablemente entre 1997 y 1999) y no por mi formación en la carrera de Comunicación en la Universidad Nacional de Cuyo. Claro, tampoco vimos nada de Paco Urondo o Walsh.
Una de mis última materias en cursar y rendir en el 2003 fue Literatura Hispanoamericana: el gran escritor mendocino, como Cortázar, Arlt, Urondo, González Tuñón, ninguno de ellos estaban incluidos en el programa. ¿Alguién sabe por qué? Miro para atrás y digo que pena. Al mismo tiempo, digo que suerte que por distintos caminos llegaron a mis manos. Algunos antes de ingresar a la universidad, otros durante, otros después. Y también me detengo con mucha atención como la causa Papel Prensa se obvio de la currícula en la carrera que estaba formando a cientos de comunicadores.
Sin conocimiento de la historia los diversos procesos sociales, políticos, culturales y económicos en la práctica del periodismo pasan de largo, pierdan toda su densidad, su riqueza, se escabullen por nuestras manos. Y si eso pasa: ¿Qué hacemos en el periodismo? ¿Qué clase de periodismo hacemos? ¿Estamos salvando vidas o somos cómplices de los guantes blancos ante cada enter?
Una amiga de Salta luego de que esta sección me publicara una columna se preguntaba: ¿Para qué están las carreras de comunicación social? ¿Para sostener los engaños históricos? En algunos casos, sin duda. Por ejemplo, la causa Papel Prensa.
En definitiva, quiero retomar el nombre de Di Benedetto, recuperarlo de entre los olvidos, alegrarme por tenerlo en la biblioteca y compartirlo con Ustedes, porque recuperar los olvidos es construir un presente sin allanamientos de morada en la memoria.

* Secretario de Extensión, Facultad de Humanidades de la U. N. Comahue.
marcosnqn@hotmail.com

miércoles, 24 de junio de 2015

La ciencia, un asunto de comunicación social

Por Pablo Esteban
Según la Real Academia Española, la ciencia remite al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Sin embargo, presentada de ese modo –así, sin demasiado brillo, esquemática y fría–, esta definición oculta una multiplicidad de sentidos susceptibles de ser atribuidos. En principio, más vale arrancar por lo básico: la ciencia es una parte esencial de la cultura, en efecto, engloba un conjunto de prácticas que no existen sin seres humanos que las realicen.

Desde este punto de vista, tres asuntos florecen en el barro analítico y asoman por su importancia. Primero, un requisito: la ciencia requiere ser estudiada en contexto; luego, una propuesta metodológica: la ciencia puede ser abordada desde una perspectiva comunicacional, y, por último, una necesidad: tras considerar los puntos anteriores, será esencial la generación de condiciones de acceso que garanticen la participación de toda la sociedad en el proceso productivo y reproductivo de los saberes científicos.

- Los científicos hacen historia (pero) desde la historia. Es imposible comprender las ideas de algún filósofo o científico –que para el caso, son lo mismo– si no se accede al idioma de época; a respirar sus aires y a pasear por sus caminos. No se trata de ponerse en lugar de nadie, ello es imposible; aunque sí de comprender por qué sus pensamientos se impusieron en ese instante y no en otros, y por qué se desarrollaron en determinadas latitudes cuando las coordenadas podrían haber sido bien diferentes. En última instancia, intentar responder a una pregunta tan simple como: ¿por qué las cosas suceden cuando suceden y en el sitio en que suceden?

Proceso: una palabra que resuena con fuerza y que a menudo se vacía de significado, como usualmente ocurre con toda categoría analítica utilizada hasta el cansancio. Cada acontecimiento forma parte de una sucesión de momentos que se acomodan en una línea cronológica imaginaria que avanza a paso firme y jamás se detiene. Cada genio de época leyó libros que escribieron sus antecesores y se alimentó de las ideas que allí pululaban. Personas como Copérnico, Galileo y Kant, sin dudas, estuvieron interpeladas por sus entornos, pues, trabajaron con herramientas sociales y produjeron ideas maravillosas que hicieron historia pero desde la historia.

- La ciencia y la comunicación: una relación que pide matrimonio. La comunicación puede ser definida como un enfoque que permite desentrañar falsas concepciones, percepciones, valoraciones y modos de significación. Una perspectiva novedosa que –con un objetivo similar al de otras ciencias sociales como la antropología– busca penetrar el denso entramado que presentan los escenarios cotidianos, esos que los seres humanos organizados en grupos acostumbran a llamar “realidad”. De aquí que observar a la ciencia con los ojos de la comunicación permite una lectura alternativa que desmitifica la supuesta blancura de un campo que está atravesado por tensiones, luchas de dominación y de poder.

Para ser más explícito, cada vez que una comunidad científica festeja un acontecimiento, ensancha las espaldas de un intelectual y dirige políticas de investigación en direcciones puntuales, lo que está haciendo no es más que velar otros acontecimientos, quebrar otras espaldas y anular otras posibles trayectorias. En definitiva, amordaza otras bocas para callar otras voces que disputan otros sentidos.

Sin embargo, las relaciones entre ciencia y comunicación no descansan en ese escalón. Todavía hay más: la ciencia posee un lenguaje que tiene su gramática, su ortografía y su sintaxis; un lenguaje que es necesario aprender y que sólo los escritores de elite de- sarrollan a medida que peinan sus canas y cuando sus pieles se convierten en pellejos. El gran maestro Leonardo Moledo, a menudo señalaba: “La ciencia es un cuento que la humanidad se cuenta a sí misma. La historia del Universo y las historias del Universo son tan maravillosas como el más maravilloso de los cuentos. Entonces es una falacia total que la ciencia no sea un relato. La ciencia lo es, porque es comunicación y es lenguaje”.

- Para el pueblo lo que es del pueblo. El núcleo duro de la ciencia está compuesto por leyes generales, es decir, por enunciados científicos. Desde un enfoque semiótico, las teorías de la enunciación contemporáneas plantean una cuestión central: mientras los enunciados remiten al acto individual de apropiación de una lengua, el proceso de enunciación se caracteriza por la instalación de un “otro” que interpreta –o decodifica, así lo diría el jamaiquino Stuart Hall– el mensaje. Dicho de otro modo, la comunicación es dialógica y el diálogo supone un contexto en el que la práctica comunicativa se desenvuelve. Por tanto, no tiene sentido el hermetismo científico, pues, en definitiva el objetivo de toda investigación debe ser la divulgación; democratizar el acceso y ensanchar el espectro del público alcanzado. La ciencia no es patrimonio de quien “descubre” sino que pertenece a todos aquellos que demuestran curiosidad por aprender sobre un nuevo modo de pensar la vida. En síntesis, el acto hermenéutico de interpretación implica un proceso de resignificación y construcción del que nadie está exento.

- Ideas finales para construir nuevos principios. Resulta imposible, entonces, circunscribir el término –únicamente– al reducido marco de especialistas, uniformados con guardapolvos blancos y rodeados de tubos de ensayo y compuestos químicos multicolores y humeantes. En efecto, la realización de un ejercicio de desmitificación conceptual podría servir para allanar el camino hacia una aplicación más cotidiana y justa del término.

No todo el mundo cree en la existencia de una ciencia unificada que teje relaciones entre disciplinas como pueden ser la Historia, las Matemáticas y la Filosofía –porque para ser más exactos, no todo el mundo posee las necesidades materiales tan satisfechas como para sentarse a reflexionar, con un café en mano, sobre ello–. Y cuanto más se avanza en el tiempo, si es que el tiempo nos permite avanzar y si es que finalmente existe el tiempo (cuestión que habría que consultar tras leer los pensamientos de cráneos talentosos como Norbert Elias o Edward Thompson) la parcialización de los saberes en campos cada vez más y más pequeños es notoria y palpable.

En la actualidad, con mayor recurrencia, los investigadores y los científicos son empujados a realizar análisis acotadísimos y a recortar sus objetos de estudio hasta hacerlos desvanecer por asfixia. Las disciplinas están más disciplinadas que nunca y, en algunos casos, de tanta rigidez terminan por perder el horizonte y el propósito medular, en efecto, que la sociedad alcance un mejor funcionamiento –es decir que logre mayor equidad y autonomía– a partir de la producción de nuevos conocimientos.

En la posmodernidad, se promueven abordajes segmentados pero “profundos” a diferencia de los megaproyectos que los escritores clásicos realizaban en siglos precedentes. Ya no se cree demasiado en las “historias universales” y el polvo mágico de los atlas ha quedado en el camino. Aquellos libros regordetes que parecían encerrar en un puñado de páginas todos los secretos del mundo ya no generan el consenso de antaño. No. Hoy, las narrativas opcionales, los otros relatos, las otras perspectivas y las otras cosmovisiones (que son legítimas pero no están legitimizadas) están en la superficie y conforman la difusa sustancia que definen al viejo nuevo problema del sentido común.

En el siglo XXI, ninguna persona podrá decir que en esta parte del globo no se hace ciencia, luego de conocer, por caso, los impresionantes avances chilenos en materia astronómica, los progresos cubanos en salud pública e inmunología y los progresos costarricenses en producción de energías renovables. En esa línea es que Argentina proyecta el futuro, convencida de tener herramientas suficientes para escribir la historia con un lápiz propio. Sólo será cuestión de sacarle punta y afilar un poco el trazo.

En este marco, la propuesta será pensar en el concepto de ciencia desde un enfoque más flexible: evitar la falsa dicotomía entre las “duras” y las “blandas”, otorgarles a las sociales y a las humanidades un estatus tan digno como merecido y promover desde los medios masivos de comunicación una perspectiva que defina a la ciencia más allá de sus etiquetas. No alcanza con desarrollar satélites y tirarlos al espacio, no basta con aprender a resolver ecuaciones de segundo o tercer grado, así como tampoco es suficiente conocer cuáles son los males que causan pesticidas como el glifosato para el reino animal, vegetal y humano. No, pues, la ciencia no es un elemento aislable ni específico ni nada de eso; la ciencia es una práctica cultural y, como tal, tiene sentido siempre y cuando se involucren las personas.

poesteban@gmail.com
http://www.pagina12.com.ar/diario/ciencia/19-275591-2015-06-24.html

martes, 7 de abril de 2015

Representaciones sobre la violencia política

Marcos Muñoz expone los primeros resultados de una investigación respecto de las representaciones sobre la violencia política construidas en 1974 por el diario Sur Argentino, controlado entonces por la familia Sapag.


Por Marcos Muñoz *
El diario Sur Argentino fue propiedad de la Editorial Sur Argentino Sociedad Anónima, ubicada en la ciudad de Neuquén e integrada por los hermanos Sapag: Felipe, Elías Cannán, Amado y José. Se publicó desde el 12 de septiembre de 1970 hasta 30 de julio de 1978.

Publicaciones periodísticas y diversos trabajos de investigación surgidos desde diferentes vertientes, entre ellas de las universidades, han dado cuenta del grado de complicidad que tuvieron medios de alcance nacional con la dictadura. En este caso y en relación con el mismo tema, se busca compartir los primeros avances de un trabajo que forma parte de un proyecto de investigación más amplio que dirige la Dra. Beatriz Gentile en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Gran parte de los trabajos abordados en relación con la prensa y la dictadura analizan el rol de la prensa “porteña”. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿Qué representaciones construyó sobre la violencia política el diario Sur Argentino en 1974? El clima de violencia política, ya para 1974, no es una novedad. Y es el propio Sur Argentino quien detalla cronológicamente los diecisiete asaltos a guarniciones militares. Además, para los primeros meses de ese año se observa como natural en la tapa de los diarios como tema central diciendo “Extremistas muertos”, como también se presenta recurrentemente en ciudades como Córdoba, Tucumán, La Plata, Capital Federal, Mendoza, Rosario la ola de violencia política.

Cuando las Fuerzas Armadas realizan procedimientos denominan al “otro” como elementos subversivos, naturalizan el uso de la fuerza por parte del Estado como forma de solución final hasta provocar la muerte del extremista.

Días más tarde al intento de copamiento a la guarnición militar por parte del ERP en Azul, en enero de 1974, el dueño del diario y senador nacional por Neuquén (MPN), Elías Sapag, más otros referentes políticos se pronunciaron al respecto en una nota de opinión publicada en Sur Argentino, utilizando expresiones tales como “ellos no tienen patria ni cabida en nuestro país”, “atentado terrorista”, “minoría apátrida”, “se benefician los intereses antinacionales”, “darles un castigo merecido y terminar con esas bandas de salvajes”. De esta manera ubican a esos actores en el mismo bloque ideológico de las declaraciones formuladas en el mes de junio por el general Otto Paladino cuando las define como “organizaciones terroristas trosko-marxistas”.

Las declaraciones de los referentes políticos como el general Paladino, comandante de la IV Brigada de Infantería de Montaña (con asiento en Neuquén capital), proponen un mismo hilo conductor para su análisis: las organizaciones armadas son un problema, representan la violencia y practican la violencia. Además, se deja entrever que la violencia sólo proviene del accionar de las organizaciones armadas.

La construcción de representaciones sobre la violencia política en el diario Sur Argentino durante los meses previos al golpe de 1976 ubica al ejército y al MPN como un nosotros y a las agrupaciones armadas como otro. La voz oficial, a la que el diario le otorga legitimidad, pertenece a ese campo del “nosotros”. Los “otros” representan el caos, la violencia a la que hay que frenar como sea. Esos “otros” son los portadores de una violencia que merece la acción combinada de la policía y el Ejército para batallar contra la guerrilla, pero sin explicar a la sociedad cómo se piensa hacer eso. Los portadores de la violencia son los “otros”, los portadores de la solución a esa violencia “nosotros”, aunque eso implique la derrota de extremistas como si se tratara de titular un resultado deportivo.

Podría decirse que el clima de época es el trato preferencial de las noticias a las versiones en las que se ubica a las organizaciones armadas como los únicos violentos y, por lo tanto, responsables del clima social y político (tensión y miedo). Producto de esto, Sur Argentino marca una distancia sobre el rol de la prensa como instrumento de diálogo social inclinándose bajo una lógica en la construcción del lenguaje (y, por lo tanto, disputa los sentidos y las claves de ese presente histórico), que busca justificar la metodología empleada por las Fuerzas Armadas y/o la Policía Federal.

* Licenciado en Comunicación Social. Integrante equipo de investigación- Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-269420-2015-04-07.html

miércoles, 1 de abril de 2015

Representaciones sobre la violencia política

Marcos Muñoz expone los primeros resultados de una investigación respecto de las representaciones sobre la violencia política construidas en 1974 por el diario Sur Argentino, controlado entonces por la familia Sapag.

Por Marcos Muñoz *
El diario Sur Argentino fue propiedad de la Editorial Sur Argentino Sociedad Anónima, ubicada en la ciudad de Neuquén e integrada por los hermanos Sapag: Felipe, Elías Cannán, Amado y José. Se publicó desde el 12 de septiembre de 1970 hasta 30 de julio de 1978.

Publicaciones periodísticas y diversos trabajos de investigación surgidos desde diferentes vertientes, entre ellas de las universidades, han dado cuenta del grado de complicidad que tuvieron medios de alcance nacional con la dictadura. En este caso y en relación con el mismo tema, se busca compartir los primeros avances de un trabajo que forma parte de un proyecto de investigación más amplio que dirige la Dra. Beatriz Gentile en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Gran parte de los trabajos abordados en relación con la prensa y la dictadura analizan el rol de la prensa “porteña”. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿Qué representaciones construyó sobre la violencia política el diario Sur Argentino en 1974? El clima de violencia política, ya para 1974, no es una novedad. Y es el propio Sur Argentino quien detalla cronológicamente los diecisiete asaltos a guarniciones militares. Además, para los primeros meses de ese año se observa como natural en la tapa de los diarios como tema central diciendo “Extremistas muertos”, como también se presenta recurrentemente en ciudades como Córdoba, Tucumán, La Plata, Capital Federal, Mendoza, Rosario la ola de violencia política.

Cuando las Fuerzas Armadas realizan procedimientos denominan al “otro” como elementos subversivos, naturalizan el uso de la fuerza por parte del Estado como forma de solución final hasta provocar la muerte del extremista.

Días más tarde al intento de copamiento a la guarnición militar por parte del ERP en Azul, en enero de 1974, el dueño del diario y senador nacional por Neuquén (MPN), Elías Sapag, más otros referentes políticos se pronunciaron al respecto en una nota de opinión publicada en Sur Argentino, utilizando expresiones tales como “ellos no tienen patria ni cabida en nuestro país”, “atentado terrorista”, “minoría apátrida”, “se benefician los intereses antinacionales”, “darles un castigo merecido y terminar con esas bandas de salvajes”. De esta manera ubican a esos actores en el mismo bloque ideológico de las declaraciones formuladas en el mes de junio por el general Otto Paladino cuando las define como “organizaciones terroristas trosko-marxistas”.

Las declaraciones de los referentes políticos como el general Paladino, comandante de la IV Brigada de Infantería de Montaña (con asiento en Neuquén capital), proponen un mismo hilo conductor para su análisis: las organizaciones armadas son un problema, representan la violencia y practican la violencia. Además, se deja entrever que la violencia sólo proviene del accionar de las organizaciones armadas.

La construcción de representaciones sobre la violencia política en el diario Sur Argentino durante los meses previos al golpe de 1976 ubica al ejército y al MPN como un nosotros y a las agrupaciones armadas como otro. La voz oficial, a la que el diario le otorga legitimidad, pertenece a ese campo del “nosotros”. Los “otros” representan el caos, la violencia a la que hay que frenar como sea. Esos “otros” son los portadores de una violencia que merece la acción combinada de la policía y el Ejército para batallar contra la guerrilla, pero sin explicar a la sociedad cómo se piensa hacer eso. Los portadores de la violencia son los “otros”, los portadores de la solución a esa violencia “nosotros”, aunque eso implique la derrota de extremistas como si se tratara de titular un resultado deportivo.

Podría decirse que el clima de época es el trato preferencial de las noticias a las versiones en las que se ubica a las organizaciones armadas como los únicos violentos y, por lo tanto, responsables del clima social y político (tensión y miedo). Producto de esto, Sur Argentino marca una distancia sobre el rol de la prensa como instrumento de diálogo social inclinándose bajo una lógica en la construcción del lenguaje (y, por lo tanto, disputa los sentidos y las claves de ese presente histórico), que busca justificar la metodología empleada por las Fuerzas Armadas y/o la Policía Federal.

* Licenciado en Comunicación Social. Integrante equipo de investigación- Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-269420-2015-04-01.html

viernes, 20 de marzo de 2015

Ciencias sociales y medios

Frente al vértigo periodístico y teniendo en cuenta la diversa producción de conocimientos que genera la universidad, Marcos Muñoz pide hacer una pausa para preguntarse ¿qué lugar ocupan las ciencias sociales en la agenda de los medios?

Por Marcos Muñoz *
Hagamos una pausa en esta locura de vértigo tecnológico y voracidad de creer que la urgencia (publícalo rápido, publícalo ahora) en el campo del periodismo es el modelo a seguir de los tiempos que corren. Se publica de todo al mismo ritmo que transita un auto de carrera. A veces creo que se publica mucho, se piensa poco. Se publica mucho, aunque algunos periodistas se toman el trabajo de no perder de vista principios muy importantes en la práctica del periodismo, como cuidar el lenguaje y los términos apropiados según el tema; ubicar la cita al contexto enunciado; no inventar ni tergiversar datos; llevar una agenda propia de temas y de la perspectiva de ellos y chequear entre varias fuentes informaciones que son de enorme trascendencia no sólo en la vida política sino que impactan de lleno en la vida de la democracia.

La diversa producción de conocimiento que genera la universidad, especialmente las disciplinas que se encuentran en el campo de las ciencias sociales, ¿qué lugar ocupan en la agenda de los medios?

Argentina cuenta con 53 universidades nacionales, 49 universidades privadas, 7 institutos universitarios estatales, 14 institutos universitarios privados, 4 universidades provinciales, 1 universidad extranjera y 1 universidad internacional, según se informa en la página oficial del Ministerio de Educación de la Nación. A esta breve estadística, hay que sumar las propuestas terciarias que ofrecen las provincias tanto en el campo público como en el privado.

Antes de continuar, quiero hacer foco en las universidades nacionales. En todas ellas se dictan clases, se investiga y se practica la extensión. En todas ellas hay cientos de docentes que están en condiciones de aportar reflexiva y críticamente, elementos teóricos y metodológicos sobre diversos aspectos de la realidad que merecen ser abordados interdisciplinarmente. ¿Se los consulta? ¿Quiénes son las principales voces que citan los medios? De toda la información que los medios organizan en su agenda, para que posteriormente su agenda pase de la órbita privada al espacio público, se puede observar en líneas generales que la producción de conocimiento científico que producen en este caso las universidades nacionales es, al menos, escaso. ¿Esto es un problema? ¿Debe ser atendida esta situación?

Mientras la aplicación de la ley de medios de la democracia es demorada en su implementación total por un sector de la Justicia Federal, algunas universidades nacionales vienen trabajando en sus canales de aire, potenciado en otros casos sus radios FM o las áreas de prensa institucional con el propósito de, por un lado, darle contenido a una ley que costó décadas ser tomada como una necesidad de la democracia y, por otro, mostrar que hay diversas formas de pensar, de repensar la compleja realidad. Realidad cambiante, dinámica, escurridiza que nos invita a reflexionarla desde distintas posiciones, pero evitando de antemano llevar en la mochila viejas recetas teóricas y viejas formas de abordaje a problemas nuevos.

¿Qué puede aportar incorporar la producción de conocimiento de las ciencias sociales en la agenda de los medios? Habitualmente –hay excepciones, dependiendo del medio– cuando se cita resultados de trabajos de investigación o publicaciones de libros, o se hacen entrevistas, se los ubica en un plano en el que se le resta densidad política. Esta forma de presentar la producción científica es un primer obstáculo a superar.

No se puede pretender, por otra parte, que toda producción de conocimiento sea tomada como una verdad universal e incuestionable. Lo que estoy diciendo es que resulta necesario que en los medios, en todos sus formatos, y los periodistas que trabajan allí, comprendan en primer lugar de qué se trata esto de tener una agenda propia y quiénes son los actores políticos que permanentemente tienen disponibilidad de espacio en sus medios, quiénes hablan, quiénes no hablan y demás. Puede resultar extraño escribir esto, pero muchas veces es claro que distintos medios ubicados en lugares alejados entre sí, no sólo comparten la misma agenda sino que curiosamente comparten los mismos puntos de vista de esa agenda.

Repensar la práctica periodista en todas sus dimensiones debe ser algo constante. Y, en este contexto, es importante pensar qué lugar ocupan las ciencias sociales en la agenda de los medios. Hagamos una pausa y revisemos nuestro trabajo. Hay que tener presente nuestro contexto cultural y nuestro contexto sociopolítico, situarnos y sentirnos parte de esta coyuntura histórica, pensar desde aquí, no desde otro lugar que no sea nuestra realidad.

* Secretario de Extensión, Facultad de Humanidades de la U. N. Comahue.

marcosnqn@hotmail.com

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-268370-2015-03-20.html

miércoles, 4 de marzo de 2015

“Se aprobaron reformas importantes”

El político con mejor evaluación ciudadana en Chile reconoce que el gobierno de Bachelet “aprobó en un año reformas demoradas durante 25 años”, como la educativa y la electoral. Cree que la clase política debe discutir el tema de la ética.

Por Mercedes López San Miguel
Marco Enríquez-Ominami, 41 años, es actualmente el político chileno con mejor evaluación ciudadana, según el ranking elaborado por el influyente Centro de Estudios Públicos. Ex diputado díscolo de la Concertación y dos veces candidato presidencial independiente, Enríquez-Ominami se proyecta para el 2017 imaginando un eventual acercamiento con la coalición Nueva Mayoría, que lidera Michelle Bachelet. “Estamos preparados para ir solos, pero juntos somos más fuertes”, afirma a Página/12 a su paso por Buenos Aires, donde tenía previsto reunirse con Daniel Scioli y Sergio Massa.

M.E.-O., como se lo conoce en Chile, valora las cuatro reformas aprobadas en un año de gobierno de la líder socialista: educativa, tributaria, electoral y voto en el exterior. Al mismo tiempo, cree que la clase política debe discutir el tema de la ética, a raíz del “Nueragate”, un caso de tráfico de influencias que involucra al hijo de la mandataria. Entre conferencias académicas y el trabajo en su ONG, Fundación Progresa, el cineasta de profesión dirige un documental sobre los rapanui o pueblos originarios de la Isla de Pascua. “Estoy a favor de la autonomía de los pueblos originarios. La isla está a cinco mil kilómetros de las costas de Chile, en la Polinesia Francesa, tiene identidad y política propias, la gobierna un consejo de ancianos”. Además, planea hacer un largometraje con la historia de su padre biológico, el mítico guerrillero Miguel Enríquez.

–¿Con qué dirigente de la región se identifica más?

–Con Mujica. Para nosotros sería inviable seguir el camino de Chávez, Lugo, Kirchner y Correa, que construyeron su proyecto político desde el poder, porque en Chile no hay reelección. Lo nuestro va a ser una mezcla de convicción y política de alianza. Llevamos cinco años de ruptura, compitiendo en elecciones. La pregunta que surge es en qué condiciones y a qué costo haremos esa alianza.

–Se refiere a una alianza con la Nueva Mayoría

–Sí, pero también hay un mundo de izquierda que no está en la Nueva Mayoría, los ecologistas e humanistas; un conjunto de movimientos importantes. Nuestro sueño es que tengamos una gran primaria de centroizquierda, como el Frente Amplio en Uruguay. En 2009 los dirigentes de la Concertación se opusieron y perdimos todos (ganó la derecha). Estamos preparados para ir solos, pero juntos somos más fuertes.

–Bachelet avanzó con la reforma de la educación y aprobó el cambio del sistema binominal, dos de sus planteos. ¿Cómo lo evalúa?

–Lo que está haciendo es muy importante y muy valiente. Me siento parte e incluso transformador de Bachelet, aunque no haya votado por ella. En un año se aprobaron cuatro reformas que se demoraron 25 años: la tributaria, que a mi juicio es insuficiente pero es un paso; la educativa, que es importante en lo ideológico, ya que prohíbe la selección de alumnos por parte de los colegios; el cambio del sistema electoral binominal, que deja atrás una matemática perversa. A partir de ahora, Chile se va a parecer a Brasil, con un multipartidismo más real y con la búsqueda de votos en cada proyecto de ley, ya que no habrá dos bloques. Va a ser más difícil gobernar, pero para las fuerzas progresistas será más fácil participar en las elecciones. La cuarta reforma es el derecho al voto en el exterior. En Argentina hay 420 mil chilenos habilitados para votar –la mitad de los chilenos en el exterior–. A mí me importan las reglas, no el dinero: Bachelet cambió las reglas de asignación de recursos, de recaudación, de selección de alumnos. En la reforma educativa falta un 80 por ciento por aprobar, pero arrancó en lo ideológico. Antes la izquierda decía que el problema de la desigualdad era el presupuesto y eso no es cierto. Se puede aumentar el presupuesto y mantener la desigualdad. La derecha nunca estuvo de acuerdo en cambiar las reglas neoliberales.

–Está pendiente reformar la Constitución heredada de Pinochet.

–Sí, Bachelet debió haber partido por ahí. Es una estrategia distinta, pedagógica, para que los chilenos vayan cada día valorando el debate constitucional. Creo que hay condiciones de sobra con los jóvenes para instalar una asamblea constituyente, pero ella no lo comparte.

–¿Qué le pareció la manera de reaccionar de la mandataria al caso de tráfico de influencias en el que está involucrado su hijo? Sebastián Dávalos debió dejar la Dirección Sociocultural de la presidencia y él y su esposa, Natalia Compagnon, renunciaron al Partido Socialista.

–Tengo una diferencia con la discusión que se está dando en Chile sobre este tema. Lo legal es asunto de la Justicia y mi tarea es decir que se investigue y condene, pero la otra discusión es sobre la ética. El gran patrimonio de la izquierda es la ética, la reivindicación de no ser pragmáticos.

–La corrupción puede ser de derecha como de izquierda.

–Pero la forma en que se responde no es sólo legal, sino ética. Creo que Bachelet es honesta, conozco a su familia y tengo la impresión de que es honesta también. Mi abuela es íntima de su mamá, viven en edificios vecinos, puerta con puerta. Mi abuelo era militar de la fuerza aérea y era amigo de Bachelet padre. El tema de fondo es qué opina ella de ese tipo de negocios. En el país más desigual de la región junto con México, el caso del hijo de Bachelet encarna la desigualdad.

–El presidente de la Corte Suprema, Sergio Muñoz, propone un sistema de control social a la clase política por ejemplo, eliminándoles los fueros. ¿Está de acuerdo?

–Lo propuse cuando era diputado, estoy de acuerdo. Recientemente se descubrió que la derecha había creado un grupo económico para financiarse, el caso Penta, eso es un escándalo. De nuevo, lo legal es gravísimo, pero discutamos la ética, si los políticos vendieron la conciencia.

mercelopez@pagina12.com.ar

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/elmundo/4-267312-2015-03-04.html