martes, 8 de diciembre de 2009

Obispos patagónicos cuestionan a las mineras


"Hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado primer mundo". Los obispos de Neuquén y Río Negro, junto a otros de la Ptagonia trabajaron en el mensaje.

El derecho a la vivienda digna y a un hábitat no contaminado son dos de los temas centrales que contendrá el Mensaje de Navidad de los obispos de la Iglesia Católica que obran en la Patagonia.

En una parte del mensaje en elaboración que darán a conocer en días más los religiosos plantean que "el drama de Belén hoy se repite. Hay quienes no tienen lugar porque se les niega el derecho a la vida antes de nacer, así como existen ancianos que sufren el desalojo y alejamiento de su propia familia. Hay familias que por la inseguridad y la violencia sufrida pierden su casa y sus bienes. Y de no tomarse en serio el cuidado del suelo, el aire y el agua muchos más quedarán sin “un lugar” para vivir".

Continúan luego afirmando que "en la vida cotidiana cuando alguien puede llegar a tener una casa propia se esmera para hacerla habitable, trata de mejorarla cada día y no permite que alguien la arruine o destruya. Así tendría que ser nuestra relación con la naturaleza que nos cobija, tanto más para aquellos que vivimos en este rincón maravilloso del planeta: la Patagonia. Un lugar ciertamente muy codiciado por ser aún natural, por no haber sido dañado por la mano del hombre, por ser uno de los reservorios de agua dulce más importante del mundo. Es por eso que nos preguntamos: ¿Qué intenciones pueden inspirar a ciertos proyectos que terminan transformando una naturaleza llena de vida en tierra de muerte? La explicación posible parece ser la búsqueda del lucro inmediato sin alguna preocupación por el futuro. Esta actitud no tiene en cuenta “el bien común” y prioriza el interés de unos pocos en desmedro de las necesidades de la familia humana de hoy y de mañana".

"Constatamos que con frecuencia las empresas que obran así son multinacionales, que hacen aquí lo que no se les permite en países desarrollados o del llamado primer mundo. Generalmente al cesar sus actividades y al retirarse dejan grandes pasivos humanos y ambientales, como la desocupación, pueblos sin vida, agotamiento de algunas reservas naturales, deforestación, empobrecimiento de la agricultura y ganadería local, cráteres, cerros triturados, ríos contaminados y algunas pocas obras sociales que ya no se pueden sostener. La pesca y la minería son actividades necesarias, nobles y dignas de ser aprobadas, siempre que se ejerzan evitando la depredación impune y la contaminación. Hay que cultivar la tierra, sin intoxicarla y sin agotarla. Todas las actividades productivas y extractivas, deben respetar un determinado orden inscrito en las leyes y en la finalidad de la naturaleza para que no se vuelvan contra el hombre. Debemos entonces ser consientes y estar preocupados por las consecuencias de la actividad del hombre, sobre los frágiles equilibrios del planeta. La afirmación del Evangelio que estamos comentando, es dramática y muy triste: “no había lugar”, más dramática y triste cuando es producto del egoísmo humano y de una ausencia total de solidaridad", expresan en otro tramo del documento de Navidad.

Participan de él Virginio D. Bressanelli (Obispo de Comodoro Rivadavia), Esteban M. Laxague (Obispo de Viedma), Fernando C. Maletti (Obispo de San Carlos de Bariloche), Marcelo A. Melani (Obispo de Neuquén), Néstor H. Navarro (Obispo del Alto Valle del Río Negro), Juan C. Romanín (Obispo de Río Gallegos) y José Slaby (Obispo de la Prelatura de Esquel).

Redacción On Line

http://www.rionegro.com.ar/diario/2009/12/08/1260269140.php

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